jueves, 2 de enero de 2014

Padresconautismo. Reflexiones cotidianas 6. Este es nuestro tiempo, no el de nuestros hijos

Muchas veces hemos hablado sobre este mismo tema, este es nuestro tiempo, no el de nuestros hijos. Y creemos que tiene importancia, porque el tener claro dicha premisa nos permite abordar la crianza y el acompañamiento de una manera algo distinta. 

Nuestros hijos nada  nos deben y   poco exigen (ojo, exigir no es lo mismo que demandar), a no ser que los hayamos enseñado a exigir. En general la mayoría de las experiencia compartidas en sus primeros seis años no quedará como parte de la experiencia narrada y por ende es fácil afirmar que todo lo vivido convoca más la memoria y recordación de los padres y acompañantes.

La cantidad de tiempo invertido en ellos, no corresponde a una sumatoria de horas  equiparables a una rutina obligatoria, tampoco a una suma de justificaciones que hacen viable el acompañar o no su vida cotidiana. Por eso no vale la pena asumir tareas que se convierten en prisiones y encadenamientos, al tomar ese tipo de decisiones convertimos a nuestro hijos en deudores de largo plazo, deuda que estaremos cobrando el resto de nuestras vidas, con previsibles sentimientos de frustración, desesperanza y profunda dependencia.

Esos seres hermosos que ocupan pequeños cuerpos, son simplemente una novedad, que puede o no ser convertida en oportunidad, son una especie de promesa que llega a nosotros sin mucho ruido o algún tipo de imposición. Somos los padres quienes decidimos en plena autonomía si levamos anclas para ir en pos de las promesas o simplemente asumimos un rol social que puede cumplirse sin mayores trastornos o complicaciones.

Esto nos lleva a la siguiente afirmación, las cosas las hacemos por nosotros, no por nuestros hijos. Cada minuto convertido en presencia o ausencia, es el fiel de reflejo de nuestros intereses y apuestas, somos quienes asumen la ansiedad del futuro, las proyecciones de lo que ellos y ellas podrán alcanzar. Somos los que depositamos las frustraciones o los recursos en nuestros hijos y por ende tenemos una influencia profunda en lo que harán o dejarán de hacer en el futuro.

Para no extendernos en algo que creemos es muy visible, proponemos a todos los otros padres y acompañantes con autismo que el encuentro diario con nuestros hijos tiene como referente básico nuestra propia sonrisa. Seremos felices  en tanto  logremos reír, jugar y  hacer el ridículo. Podremos  derrotar el cansancio y el peso de la rutina al aceptar nuestros errores, enmendar nuestras embarradas y aceptar la fantasía.

Empezaremos  a vivir en un presente ampliado que no tiene necesidad de interrogar compulsivamente al pasado o de enunciar con detalle un futuro altamente incierto, ahí las memorias se harán plenas, dejaremos de tomar tantas fotografías con nuestros teléfonos y cámaras, para así disfrutar de la compañía, la palabra, el movimiento, el silencio, la mirada... el tiempo compartido. Dejaremos de escondernos en nuestros trabajos, nuestras carreras exitosas, nuestras labores mecánicas. Dejaremos de dedicar el tiempo al consumo y las hiperestesias del cuerpo. Entenderemos que los credos de todas las religiones están hechos para una sola cosa, darnos la posibilidad de aceptar que la historia siempre es nuestra historia y que depende de nosotros las líneas que tracemos.

Volveremos a lo básico, a lo que efectivamente construye humanidad. Al entenderlo con seguridad sonreiremos y daremos gracias a la vida, a dios, y especialmente a esos seres fantásticos que vinieron a compartir con nosotros la promesa de lo nuevo.

Un abrazo para todas y todos.