sábado, 28 de diciembre de 2013

Padresconautismo. Reflexión 16. Una educación respetuosa con el ser humano solo es posible en contexto.




Una educación respetuosa con el ser humano solo es posible en contexto.


Alejandro nos ha enseñado muchísimo sobre el contexto, con sus expresiones cotidianas se encargado de mostrarnos que nuestro concepto al respecto es completamente reducido y que su capacidad de dar cuenta de lo que conlleva contextualizar va mucho más allá de nuestra limitada percepción. Vamos a dar algunos ejemplos de situaciones que nos serán útiles para tratar de describir distintos aspectos del contextualizar.


1. Nuestro amado suele encadenar hechos de la vida cotidiana con escenas o secuencias de los cuentos que conoce de memoria, y ello no significa que evada la realidad a través de dicha relación, tampoco que esté construyendo una realidad al margen de la que nosotros compartimos. En los cuentos encuentra pistas que le permiten desestructurar las situaciones que vive, y con ello fluye a través de distintas condiciones de tensión. 

2. A veces cuando nos abrazamos empieza con sus besos, son tenues, repetidos en distintas partes de la piel y siempre acompañados por una sonrisa. Son tan espontáneos que no dan pie a interpretaciones, simplemente se viven. Esta es una declaración fantástica de presente.

3. Recientemente está tomando las tarjetas con actividades que sirven para armar su agenda diaria, las acomoda de tal manera que subvierte por completo un posible orden que supone la estructuración de su vida cotidiana para reducirle ansiedad y confusión. No hay tal, coloca series de actividades que concluyen generalmente en "juego en mi tiempo libre" o en "veo un documental". Alejandro negocia con nosotros para poder cumplir con sus interese y deseos, y lo hace a través de la agenda porque así se le hace más fácil el ejercicio comunicativo.

4. Es frecuente que debamos asumir saltos cortos en el vacío para llegar al puerto donde Alejandro se encuentra, de manera rápida cambia de ubicación, es como si tuviera la virtud de la tele transportación. Por eso hemos aprendido a hacerlo, para poder acompañarlo en momentos que vale la pena zarpar a su lado.

Con estos ejemplos enunciados vamos a trabajar al finalizar el texto, por ahora es pertinente asumir aspectos de la escuela como el escenario donde se debe construir gran parte de la contextualización, y como será enunciado, los obstáculos son de cuidado. La escuela tiene hoy una  condición múltiple que no es del todo reconocida por quienes la tutelan. Es un escenario micro en el cual se reproducen las distintas condiciones sociales y culturales del territorio donde esta se encuentra. Es un escenario artificial en el que se imparten contenidos, temas e información bajo un presupuesto de neutralidad cultural y territorial. Es una institución que promueve pautas y conductas asociadas a una perspectiva autoritaria que supone la preeminencia del adultocentrismo. Es un escenario ficticio en el que se supone equívocamente que son recreados los ideales de una sociedad equitativa, libre, racional, justa y moderna. Es una práctica que privilegia la homogeneidad como fin último de la institución. Es una trama de significados que privilegia la repetición acritica de las cosas subordinando las emergencias y novedades propias de la infancia y la juventud. Es un  lugar de estereotipos, competencia, visibilidad selectiva, discriminación e instrumentalización de las y los estudiantes. Y recientemente es un dispositivo del libre mercado, donde los estudiantes y docentes se convierten en cifras, indicadores y marcadores estadísticos. 

Esta condición determina una forma de ser de la escuela, que la envuelve sobre si misma para establecer patrones de acción que en la mayoría de los casos privilegian las respuestas a las políticas sectoriales de los territorios (locales, regionales, nacionales e internacionales) y no a las condiciones contextuales de sus actores. En el caso colombiano al contrastarse la ley general con los planes y programas del Ministerio de Educación Nacional, se encuentra que mientras la norma enarbola a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes como el centro del Sistema Educativo, los planes y programas enfatizan en aspectos de sostenibilidad, eficiencia, cobertura, administración, competencias, estandarización, evaluación y financiación.

La escuela al seguir la lógica de la política desplaza a los estudiantes de su lugar de máximo importancia, y con ello emerge la invisibilidad y la descontextualización con respecto a sus expresiones, conocimientos, lenguajes, habilidades, disposiciones, percepciones, vida cotidiana y representaciones.  Y se da el juego de la fragmentación, de los roles configurados en el afuera, con pautas que obedecen a un patrón prefijado, que incluso tampoco es claro (por lo menos en el caso colombiano). Al revisarse la norma (ley general de educación) existen una serie de enunciados sobre un ser ideal universal, en el que ninguna particularidad cultural o social está prevista como un valor agregado. En nuestro caso se requerirían presupuestos de ser humano con características particulares, ejemplo: un ser humano preparado para afrontar conflictos y situaciones de violencia con un menor grado de pérdida individual y colectiva. 

Dicho patrón perpetúa ideales modernos que no terminan configurando una formación humana, simplemente apuntan a la estandarización de laborantes con herramientas, conocimientos y medios para asumir las ofertas que ofrece el mercado. Lo complicado es que la misma estandarización tampoco termina cumpliéndose, en tanto las lógicas cotidianas de la escuela promueven la selección paulatina de los estudiantes, dirigiendo su gran esfuerzo a quienes se destacan en lo cognitivo y disciplinario. Los otros, todos los demás terminan participando de una rutina escolar que poco les ofrece, quedando subsumidos en  practicas que replican el mundo extraescolar bajo la apariencia de una rutina escolar que es acatada y poco valorada.

En nuestro país hace algunos años (1985) el volcán Arenas tuvo una erupción que generó un lahar que cubrió un pueblo de casi treinta mil habitantes. La gente vivía al lado del volcán y sin embargo en la escuela al hablarse de volcanes el referente era el Vesubio en Italia. Al observarse los libros de texto que se publican en la actualidad muchos de los referentes continúan por fuera del territorio, desligando al estudiante de su propia realidad.

En esta escuela de condición múltiple es viable entender porque no se contextualiza, sin embargo ello no es un hecho totalizante, no olvidemos que  algunas prácticas docentes son comprometidas, amorosas y dispuestas, con un fuerte énfasis en el reconocimiento y emergencia del contexto. Lastimosamente esta no es la tendencia,  y las cosas se mueven como se ha planteado.  

Ante esta realidad, que se mueve en múltiples evidencias, surgen voces que defienden algunas formas de contextualización del aparato educativo que está relacionado con los estudios socioeconómicos, las valoraciones de los niños por medio de equipos de profesionales y las entrevistas familiares.  Es valioso que estos ejercicios se hagan, eso no tiene discusión, sin embargo eso demuestra que los elementos trabajados pensando en contexto suelen reducirse a una mirada diagnóstica sobre la realidad de los estudiantes.


Es en este punto donde vale la pena retomar las enseñanzas que Alejandro ha concretado en nosotros, y que hemos empezado a vislumbrar en los ejercicios que desarrollamos con los niños y niñas en el aula estructurada y en los ejercicios con estudiantes universitarios. 

Ejemplo 1. La contextualización está relacionada con las interpretaciones que hacen los seres humanos de los territorios que conforman su ámbito de realidad. En ese ejercicio el contexto se construye a partir de las representaciones. Por ende para contextualizar es indispensable indagar la representación y la emergencia resultante de la relación  entre el ser humano y su entorno. Esa emergencia no es la suma de objetos o hechos, tampoco es la percepción que el ser tiene de ellos, esa emergencia tiene los efectos de una sorpresa que asombra a quien escucha y a quien es escuchado. Incluso, puede estar influenciada por quien indaga, en tanto se generan rutas de búsqueda que al ser seguidas por quien es indagado, lo llevan a lugares que no reconocía. 

Eso  implica que el contexto no sea fijo, el mismo fluye acorde con las necesidades, habilidades, decisiones y hallazgos del ser humano, por eso una contextualización hecha al principio del año en una aula, o en cualquier escenario, no corresponde con la realizada  seis meses después. Es probable que estemos ante niños y niñas distintos.

Esto contrasta con las lógicas de contexto que manejábamos previamente, en términos operativos equiparábamos contextualizar con la toma de información sobre el ser humano, su entorno sociohistórico, cultural y económico. Todo ello en apariencia nos daba los elementos necesarios para hacer mucho más respetuosa la interacción y el trabajo previsto.

Con frecuencia quien observa, lo puede hacer a través del prejuicio, y por eso con facilidad determina que el contexto no cambia, o que sus condiciones son de tal magnitud que obstaculizan cualquier cambio. Estamos marcados por la lógica del progreso y por ello al observar condiciones aparentemente fijas determinamos que allí nada pasa. Esa perspectiva es muy fuerte en la escuela, dejamos la contextualización ligada en una serie de indicios marcados por el  prejuicio, por eso cuando un niño o niña  presentan los indicios, se genera una percepción que suplanta al contexto. Y de allí en adelante se trabaja a partir de la percepción, sin otras acciones que puedan replantearlo.

Es tan potente el uso reiterado de una percepción que la misma se convierte en representación, y para el niño o niña lo pensado, comunicado y actuado por el docente entra a convertirse en su contexto efectivo. Eso significa que con frecuencia los docentes configuran el contexto de sus estudiantes (se convierte en verdad algo que es ficticio).

Ejemplo 2.  Al ser el contexto una suma de productos emergentes, los mismos se expresan en presente, ello conlleva comprender (por parte del observador) que los elementos del pasado son importantes, sin embargo no imprescindibles. Lo mismo se puede decir del futuro. En ese sentido el contexto se expresa en la espontaneidad, en la capacidad que tiene el otro para dar cuenta de si en la plena acción. Contextualizar implica también asumir sensiblemente al otro, con la disposición para acompañar la expresión sin presuponer posibilidades permanentes de interpretación.

Ejemplo 3. El uso de las cosas, el juego de signos y símbolos no necesariamente corresponde a lo que se observa en primera instancia. Muchas intenciones e intereses del niño o niña  quedan  sutilmente encubiertos por lo que el observador espera del uso que hacen de las cosas, si este no se da bajo el formato del modelo  preestablecido lo que se lee de dicho uso es algo  distorsionado. Contextualizar implica el desplazamiento del observador a un lugar de no comodidad, en el que pueda visibilizar sus propias interferencias y tendencias, para así darse a la tarea de evidenciar al otro,desde sus expresiones. En este momento las intenciones e intereses pueden hacerse evidentes, lo que favorece la comprensión del otro.

Ejemplo 4. El ejercicio de contextualizar requiere de una  acción subsecuente (inmediata) que permita llevar a la realidad lo que se ha comprendido. Dicha acción se convierte metafóricamente en una suma de preguntas que al ser respondidas  incrementan el conocimiento mutuo sobre el contexto. Cada acción adicional cobra la misma naturaleza, lo que permite afirmar que contextualizar es un acto permanente que reconoce la variabilidad y la emergencia como elementos inherentes de la vida individual. 

En el caso de nuestros espacios de aula estructurado vivimos en un constante contextualizar, experiencia que empieza por nosotros mismos...

Un abrazo a todas y todos.