sábado, 14 de diciembre de 2013

Padresconautismo. Reflexiones cotidianas 1. Para ser asertivos con nuestros hijos nuestra vida social no puede estar al tope.


Para ser asertivos con nuestros hijos nuestra vida social no puede estar al tope.


Recién llegamos a casa, estábamos tomándonos una cerveza en un sitio cercano que nos encanta por su sencillez. Allí quien nos atendía nos trajo las cervezas y sin mediar algún gesto de cortesía, empezó a hablar desaforadamente. - ¿Cómo están sus hijos, por qué no vinieron con ellos? 
Están durmiendo en casa, con Pochita y la abuela Herminia, respondimos. 

- Es muy bueno criar a los niños como los tienen ustedes, seguiditos, los primeros años son difíciles, y ya después es más suave. Yo tuve dos hijas, Tatiana y Sara, con la mayor fui muy templada, le tranqué duro, además yo trabajaba todo el día, por eso cuando me encontraba con ella quería que se acostara rápido. Porque yo no me aguanto niños que estén por ahí dando vueltas después de las seis de la tarde, nada tienen que hacer. Las hijas sabían eso, fue duro, pero aprendieron.  Yo no entiendo como las amigas dejan que las hijas estén por ahí hasta las diez y once de la noche. Ahora estoy cuidando a la nieta, mis dos hijas están trabajando y por eso tengo a la nieta, yo la pongo a ver televisión. Esos niños de ahora quieren que uno les de gusto en todo, si uno va a un almacén ellos escogen su ropa, y es la que ellos quieran. Lo mismo pasar con las demás cosas, por ejemplo mi nieta se pone a ver televisión, sus muñequitos, y nos quita a nosotros el noticiero. Alberto se enoja porque para él es muy importante el noticiero. Por eso ahora en navidad le vamos a dar un televisor pequeño para que esté entretenida en su cuarto y nos deje el televisor de la sala. Y también le íbamos a dar una tablet, pero la gente nos decía ni la mamá, ni usted la abuela tienen tablet, qué le van a regalar un aparato de esos a la niña. Mejor le compran un simulador.

- Antes era distinto, yo me crié por aquí con toda la familia y el regalo de navidad era unos tennis croydon para la escuela del año siguiente, nadie exigía, todos quedábamos contentos.  A mi no me gustan los niños, nunca me han gustado, pero a uno le tocó y más o menos hizo las cosas.

- A ustedes les va tocar duro, darle gusto a tres niños, eso no va a ser fácil.

Nosotros actuamos un poco diferente, enunció Alejandra. A ellos no se les da gusto como tal, nosotros los ponemos a elegir entre distintas alternativas que nos parecen adecuadas para su edad, si vamos a una tienda de zapatos, nosotros buscamos aquellos que tengan un buen material, sean resistentes, cómodos y agradables. Entre dos o tres opciones ellos eligen...

- Pero es que uno se llena de confusión con todo lo que dicen, que es bueno darle libertad a los niños, permitirle que ellos elijan las cosas que les gustan.

En eso no estamos de acuerdo, continuó Alejandra. Los niños con facilidad son presa de la publicidad y de lo llamativo, por eso no podemos dejarlos solos con sus elecciones. Uno como padre sabe que es lo que puede hacerle bien a su hijo, por eso debe acompañarlo para formar su criterio como comprador y consumidor. Igual en casa no tenemos televisor, los niños tienen muchas actividades para hacer y ni siquiera preguntan por la posibilidad de un tv, que saben existe en otras casas.

- Si, ustedes tienen razón, ojalá a uno lo prepararán para ser padre, pero nada, uno tiene los hijos sin desearlo y de encima nadie lo acompaña. Porque los padres somos muy brutos y desinformados. Yo se que eso de regalarle un televisor a la niña no es bueno, uno debería criarlos de otra manera, pero es que ya compramos esa pantalla y ya toca regalársela. Esa niña es muy caprichosa y si uno no le da gusto se vuelve inmanejable. Y cómo hace uno para no darles acceso a la tecnología. Mire que tengo un amigo en Francia y dice que allá las cosas son muy distintas, allá los niños no tienen tanto tiempo para ver televisión, si acaso media hora, porque deben invertir el tiempo en cosas más educativas. Acá en todas las casas hay un televisor por pieza, eso separa a la familia y vuelve a la gente muy esimismada.

Alejandra retomó la conversación. Los niños no son caprichosos, los hacemos caprichosos, somos los padres y adultos los que los deformamos. Si somos claros con ellos, no habrá motivo para el capricho. Y eso de la tecnología no es una verdad en si misma, ellos deben entrar en ese mundo lentamente, acompañados y son una finalidad netamente formativa. En casa el acceso a tecnología es muy limitado, y eso no le está restando oportunidades o habilidades a los niños.

- Mi nieta es capaz de encontrarle la clave al celular de la mamá, y empieza a jugar con ese aparato, no hay poder humano que se lo pueda quitar. Ella es voluntariosa. Por ejemplo yo le digo que guarde los juguetes después de usarlos y no lo hace, me dice que va a esperar al abuelo para que la ayude. Y Alberto llega, la muy muérgana le dice, guarda ese, guarda el otro y él le hace la tarea. Con él es muy difícil porque no colabora.

Le dije: Nosotros hablamos mucho para llegar a acuerdos frente a posibles situaciones que vamos a vivir con los niños, evitamos al máximo contradecirnos o desautorizarnos, porque en esos casos el niño se confunde y con facilidad su interpretación se va por otro lado. Los adultos le ayudamos a los niños tornarse complicados o no, si les damos límites con argumentos no es difícil para ellos comprender las cosas que tienen al frente. Además debemos ayudarles con sus habilidades sociales, por eso el televisor es un problema porque los vuelve distantes y aislados, lo mismo pasa con esas otras pantallas.

- Eso es cierto, la niña es muy grosera, no saluda a la gente, uno le dice, vea mija salude a la señora, y ella se da la vuelta, además es llevada de su parecer, no hace caso y quiere que uno no le diga nada. Ahora quería quedarse aquí conmigo, me la llevé a dormir donde una hermana y qué problema, quería quedarse acá y este no es un lugar para ella.

Pasado el tiempo, después de otros tantos comentarios, terminé mi cerveza y le solicité que me trajera otra. Con eso terminó el diálogo. Durante toda la conversación estuvo tensa, hablaba rápido. Antes de terminar, le reiteramos nuestra idea sobre la importancia de ser padres con el control de los consumos de los hijos. Ella asentía repitiendo que eso era cierto y muy importante. Dos o tres veces dijo: pero ya el televisor está comprado.

Al marcharse nos quedamos hablando sobre el tema, Alejandra con esa mentalidad asertiva que tiene, indicó que la señora estaba muy cansada, ya había conocido a varias mujeres que no deseaban saber nada de los niños, era un cansancio asociado a una rutina devastadora, en la que la crianza se convertía en una gran sobrecarga sobre hombros que ya toleraban la vida laboral y doméstica. Adicionalmente era una abuela trabajadora, sin tiempo pleno dispuesto para la niña. Por eso la idea de regalar el televisor para copar el  tiempo de la niña era una solución que sobrepasaba el interés por lo ideal, por lo posible.  En esta apreciación no hay una condena para la señora, sin embargo si hay un ejemplo bello para plantear la importancia de conocer, concretar, comprender y detallar las condiciones de vida de los padresconautismo. Pensamos que muchas de las no transformaciones de niños y familias están ligadas a esa condición, a esa especie de condena donde la vida social sobrepasa el sentido común, haciéndolo no aplicable. Se sabe de la necesidad imperiosa de dedicar mucho tiempo de calidad a los niños y niñas con autismo, sin embargo hay una condición de vida que ya está en el tope, por eso las soluciones se dejan en los grupos de expertos, en los medicamentos, en las curaciones milagrosas.

Un abrazo a todas y todos.