jueves, 5 de diciembre de 2013

Padresconautismo. Juzgamos y negamos a nuestros hijos.

Juzgamos y negamos a nuestros hijos.


Hace dos días, después de nuestra corta noche de trabajo, llegamos a casa con la expectativa de ver qué había dibujado Alejandro a partir de un triángulo y de un cuadrado. Él aún estaba despierto. Sin preguntarle sobre su ejercicio fuimos a valorarlo de manera inmediata, y ambos vivimos una corta decepción. Nada qué ver con los trabajos elaborados en días anteriores, donde la presencia de formas, color, texturas y líneas había sido la pauta dominante. 

De nuevo sin indagar sobre su descripción, le replicamos su deseo de cumplir la última actividad en su agenda del día, ver un documental de flamingos rosados. En unas palabras nuevamente inequitativas le recordamos la importancia de cumplir con los acuerdos. En el dibujo estábamos ante un claro incumplimiento por parte de él, era notorio que lo había hecho de afán y sin prestar atención (cosa que fue ratificada por Pochita, nuestra tía mamá, quien se queda a cargo de el en las cuatro horas que estamos fuera de casa).

Uno de nosotros, el que más conflictos tiene con la idea institucional de la iglesia y la religión, le preguntó por la iglesia que estaba dibujada en la hoja del triángulo. Alejandro respondió "es una iglesia", en ese momento estaba llorando (con justa razón). Inmediatamente fue interpelado, "!tu no hiciste eso¡", "recibiste ayuda". 

Nos miramos y de manera inmediata reaccionamos, casi que en coro nos dijimos, "preguntemos a Alejandro qué dibujó". Nuestro pequeño maestro, enjuagando las lágrimas, empezó a describir cada una de las figuras que había trazado en ambas hojas, explicando las relaciones que había establecido. !Qué embarrada¡ !Qué vergüenza¡ !Qué injusticia¡  Había realizado muchas más cosas de las solicitadas, no solo había utilizado las dos figuras geométricas para dibujar objetos, sino que había creado una narración conjunta entre dichos objetos. La solicitud a la que él respondió no incluía mucho colorido, definición de formas o una estética esperada. Y sí, lo hizo rápido, en menos de diez minutos. NO NECESITABA MÁS TIEMPO PARA HACERLO.

Nos disculpamos con él, lo cargamos, besamos, repitiéndole que tenía todo el derecho a reclamar su última actividad. Le explicamos nuestro sentimiento y simplemente nos dijo: "los amo".

Saltó como un canguro, gritando de la alegría para luego regalarnos una mirada brillante, profunda y llena de ternura. Al poco tiempo, viendo el documental esperado se quedó dormido. Nosotros solamente atinamos a ver   ese rostro ...  ese hermoso rostro...