jueves, 19 de diciembre de 2013

Padresconautismo. Reflexiones cotidianas 4. NUESTROS HIJOS MERECEN UN TIEMPO DE ESCUCHA AMPLIADA, PARA EVITAR ASÍ CENSURAS INFUNDADAS.

NUESTROS HIJOS MERECEN UN TIEMPO DE ESCUCHA AMPLIADA, PARA EVITAR ASÍ CENSURAS INFUNDADAS.

Alejandro ha tenido un desenvolvimiento mesurado con respecto al dibujo. Lo que ha construido como dibujante obedece más a una insistencia de quienes lo amamos que a un interés genuino por hacerlo. Sin embargo nos parece muy importante estimular este ejercicio en tanto el niño trabaja su pinza y el movimiento codo mano. Con respecto al color,  lo que nuestro amado disfruta es la combinación de los mismos, en lo que es hábil, nos sorprende su gusto por la ropa y las combinaciones que hace cuando acomoda juguetes o cuando coloca unos libros de cuento sobre otros.

Hoy se enfrentó a un ejercicio de dibujo en el que debía hacer un cocodrilo y un elefante. Sin pensarlo mucho fue al cuarto de Luana por ambos animales reproducidos en tela acolchada. Empezó con el cocodrilo...  Al terminarlo Sebastian (su hermano) empezó con una crítica burlona, diciéndole "eso no es un cocodrilo, es un caimán" Empezó un rifirrafe entre los dos: caimán, cocodrilo, caimán, cocodrilo, caimán, cocodrilo. Alejandro aumentaba el tono de su voz. Este diálogo concluyó sin causa aparente.

Alejandro retornó a sus dibujos. Trabajó la figura del elefante, colocándole los mismo colores de su modelo. En este caso Sebastian dijo "muy bien Alejandro, ese si es un elefante". Empezó a aplaudirlo, gesto que siguió Luana, diciendo entre lengua "bravo, muy bien". Los aplausos se multiplicaron y nuestro amado rió y se movió en círculos.

Desde hace algún tiempo hemos evitado generar censura sobre conductas fácilmente señaladas como inadecuadas. Hemos entendido que en la dinámica social de nuestros hijos se mueven gestos comunicativos que no tenemos la capacidad de interpretar en tiempo real. Digamos que ellos se mueven en otro tiempo comunicativo, por lo tanto nuestra conclusiones precipitadas pueden estar muy lejanas de lo que efectivamente están comunicando.

Y esto si que es importante en el caso de Alejandro, hemos aprendido a esperar, a dar la pausa suficiente para comprender lo que efectivamente él genera con muchas acciones que a simple vista son deletéreas o censurables. Al principio de nuestro acompañamiento solíamos moralizar cada acción, es como si una cartilla de civismo y normas de "buena conducta" estuviera asentada en nuestra cabeza, y de inmediato reaccionábamos generando la reprensión verbal, restando todo valor a sus distintas acciones. Varias veces observamos nuestra equivocación, y a pesar de nuestra intención de no reiterar la moralina, lo volvíamos a hacer.

Esto lo empezamos a cambiar cuando nos dedicamos a observar otros niños y niñas en sus relaciones cotidianas, tanto en la escuela como en la vereda donde habitamos. Entendimos que nuestras prácticas y creencias están marcadas por una temporalidad que se aplica desde el pasado o el futuro, y no desde un presente concreto en el que efectivamente nos encontramos. Por eso al observar la conducta de Sebastian, nos dedicamos a acompañar lo que allí sucedía. Cuan distinto habría sido el final de la historia si de manera entrometida hubiéramos criticado su accionar, !por fortuna no lo hicimos¡ Gracias a eso pudimos participar de una pequeña fiesta.

Esta actitud de escucha se complica  cuando no estamos en nuestro espacio de control (lugares de la ciudad, otras casas, otros lugares), por fortuna hemos tomado la decisión de bloquear las censuras públicas, las miradas displicentes y con ello evitamos descentrar nuestra atención, para así continuar con nuestro acompañamiento. Incluso esto nos ha permitido hacer claridades necesarias en situaciones que las ameritan, con personas que tienden a incidir en las acciones de nuestros amados.

Un abrazo a todas y todos.