jueves, 19 de diciembre de 2013

padresconautismo. Reflexiones cotidianas 3. Nuestros principales obstáculos mentales.


Reflexiones cotidianas 3. Nuestros principales obstáculos mentales.





Ser padresconautismo, conlleva una forma de vida  que se distancia de alguna manera de las prácticas cotidianas de familias que no conviven con niños o niñas con autismo. Esa es en apariencia una tautología (decir cosas sin decir nada). Sin embargo esa forma de vida no termina de ajustarse a las invitaciones que en nuestro caso hace Alejandro. Si bien tenemos prácticas disímiles a la mayoría de las personas que conocemos, aún no logramos ser asertivos en todo el sentido de la palabra. En nuestras mentalidades existen múltiples obstáculos que con frecuencia interfieren en el proceso de acompañamiento. Vamos a mencionar algunos que quizá algunos de ustedes compartan.



1. Somos completamente evolucionistas, por ello cuando Alejandro expresa un nuevo desempeño suponemos que este  seguirá expresándose sin inconveniente alguno. ¡Claro! lo asumimos logrado. Adicionalmente, así lo neguemos, seguimos esperando algún comportamiento propio de la edad. 

2. Huimos de la incertidumbre, eso nos ubica en el plano de presuponer que son estables algunas conductas o actitudes de Alejandro. Ello nos resta flexibilidad, demostrándonos que somos tanto o más inflexibles que nuestro amado. Generamos muchos sentimientos cuando él deja de expresar una estabilidad que en realidad es creada por nuestras expectativas.

3. Tenemos insertada una idea de ser humano ideal, normalizado y normatizado. A pesar de nuestro constante ejercicio comunicativo y vivencial para distanciarnos de las tareas de la normalidad, persistimos con un modelo ideal en términos de bienestar, accesos y desempeños futuros. Por esa razón dejamos de vivir a Alejandro en tiempo presente, especialmente cuando hacemos los ejercicios que suponen su progreso cognitivo, comunicacional, conductual y emocional. Creemos que ningún padreconautismo puede afirmar que sus hijos llevan a cabo todas las actividades con una absoluta y permanente disposición. Esa idea de futuro impacta por completo la felicidad de presente.






1. Somos completamente evolucionistas, por ello cuando Alejandro expresa un nuevo desempeño suponemos que este  seguirá expresándose sin inconveniente alguno. ¡Claro! lo asumimos logrado. Adicionalmente, así lo neguemos, seguimos esperando algún comportamiento propio de la edad. 

2. Huimos de la incertidumbre, eso nos ubica en el plano de presuponer que son estables algunas conductas o actitudes de Alejandro. Ello nos resta flexibilidad, demostrándonos que somos tanto o más inflexibles que nuestro amado. Generamos muchos sentimientos cuando él deja de expresar una estabilidad que en realidad es creada por nuestras expectativas.




3. Tenemos insertada una idea de ser humano ideal, normalizado y normatizado. A pesar de nuestro constante ejercicio comunicativo y vivencial para distanciarnos de las tareas de la normalidad, persistimos con un modelo ideal en términos de bienestar, accesos y desempeños futuros. Por esa razón dejamos de vivir a Alejandro en tiempo presente, especialmente cuando hacemos los ejercicios que suponen su progreso cognitivo, comunicacional, conductual y emocional. Creemos que ningún padreconautismo puede afirmar que sus hijos llevan a cabo todas las actividades con una absoluta y permanente disposición. Esa idea de futuro impacta por completo la felicidad de presente.



4. Nos ronda incesantemente la idea de minusvalía social . Pensamos a nuestro hijo tan débil frente a una sociedad deshumanizada, egoísta, individualista, utilitaria e insensible, que dedicamos muchas horas a la generación de habilidades sociales que quizá sean de poca utilidad en el futuro. Entre ellas insistimos en una cortesía y en unas formas que en la concreción de la vida social poco se practican. Nos tara más una idea  de corte moral, que de corte funcional, la idea de lo bueno es más profunda que el presupuesto de habilidad y capacidad de adaptación social.

5.  Añoramos comportamientos sociales regulados. Y eso es más que curioso en padresconautismo que no somos para nada típicos, dado que tenemos poca capacidad de interacción  social en tanto denostamos de los espacios de consumo, recreación ficticia y diversión epidérmica. Olvidamos que somos observados, y es fácil entender que nuestras conductas sean imitadas de alguna forma.





6.   Asumimos una posición de autoridad familiar, parental y adulta. En esto nos damos permanentemente contra la pared. Esto interfiere con el proceso de diálogo que queremos generar con Alejandro.  En periodos de armonía es fácil evitar esta tara, sin embargo en los periodos de desarmonía, tensión o presión conductual, emerge la figura del adulto con todo su poder de negación, autoritarismo e imposición.

7. Somos seres sufridos, en una cultura judeocristiana esta ha sido una de las grandes lecciones. Y eso lo trasladamos indirectamente a nuestro hijos, les recordamos que las cosas valen, que nosotros nos esforzamos por brindarles comodidad, bienestar. Nos duele que tiren, lancen, dañen, y ese dolor proviene más del carácter sufrido que de la valoración misma de las acciones.



8. Pensamos que nuestros hijos nos deben. Este quizá es el mayor obstáculo, así lo neguemos estamos esperando cualquier tipo de retribución, así sea el más mínimo. Por eso cuando Alejandro deja de responder a ciertos acompañamientos nuestra respuesta de desolación no se asocia solamente a su no trabajo, se debe también a nuestro deseo de sentir que en él hay un mínimo de agradecimiento. Embarrado, embarrada total.

Un abrazo a todas y todos.