lunes, 16 de diciembre de 2013

Padresconautismo. Reflexiones cotidianas 2. La mejor decisión ha sido relacionar a Alejandro con niños campesinos y niños humildes.


La mejor decisión ha sido relacionar a Alejandro con niños campesinos  y niños humildes.


Cuando ingresamos a Alejandro a uno de esos preescolares llenos de buena prensa, donde los padres se gastan medio salario con tal de que sus hijos tengan accesos, atención personalizada y múltiples actividades, cometimos un gran error. Suponíamos que ese medio tiempo le daría la posibilidad de socializar con otros niños  y niñas. En ese momento estábamos en la negación del la expresión autista de Alejandro, sin embargo era claro para nosotros la importancia de la socialización temprana.









 Allí Alejandro era un niño solitario, "raro", que era mal visto por sus compañeros de cursos superiores. En distintas ocasiones fuimos testigos de la conducta despectiva con que lo trataban, y eso dolía. Claro, él ni se daba por enterado. Muchos susurros, aislamiento, separación de actividades colectivas, burla y una evidente intención de demostrarle físicamente que no era aceptado.  Le insistimos a las jardineras para que tuvieran en cuenta esta situación, sin embargo seguimos observando los mismos tratos sin estrategias por  parte de las docentes para modularla o cambiarla. Sin dudarlo retiramos a nuestro amado  de ese lugar.





Cuando empezamos con el aula estructurada en la escuela rural teníamos algunas prevenciones, por eso  hicimos algunos  trabajos donde pretendimos mostrarle a los otros niños como Alejandro experimentaba   el mundo que en la escuela compartían. Ya hemos comentado que el aula estructurada se encuentra en una zona rural, dentro de una escuela para niños campesinos. Como parte de nuestro aprendizaje lo que observamos estuvo muy distante de nuestros prejuicios, los niños y niñas fueron acompañantes solidarios y pacientes de las particularidades de Alejandro. Visibilizado y admirado por ellos, se fue convirtiendo en un miembro significativo del grupo.  Fue incluido en múltiples actividades tanto en el aula como fuera de ella, se le respetó su gusto por actividades que no correspondían a actividades físicas reguladas (juegos de pelota, carreras comunes, saltos, etc). Y todo esto fue espontáneo sin necesitar de regulación alguna. Su memoria le ganó admiradores y admiradoras, incluso de cursos superiores. Los niños mayores lo cuidaban, sobre todo cuando en sus búsquedas trataba de sobrepasar la puerta de la escuela. Dos niños se convirtieron en sus ángeles guardianes, generándole espacios de risa, movimiento, juego y diálogo.



Cuando pensamos en el béisbol, nuestra idea estaba centrada en lograr convertir la tendencia de Alejandro a lanzar objetos en un patrón con utilidad social, por eso elegimos dicha disciplina. La totalidad de los niños de la escuela de formación eran chicos de bajos recursos que estaban siendo subsidiados para practicar un deporte menos violento que el fútbol. Por eso sus conductas no estaban mediadas por el capricho, el maltrato, la humillación o la búsqueda permanente de defectos en el otro.

Alejandro en sus propios eleves solía dejarles el saludo en la boca, o pasaba por encima de ellos cuando iba tras la pelota, sin embargo ellos lo asumían, acompañaban, llamaban y observaban sin ningún tipo de prevención o prejuicio. Claro, también ayudaba mucho que fuera el más pequeño del club.  En los juego colectivos, lo orientaban, ubicaban y acompañaban sin miramientos o mínimos comentarios.

 El domingo pasado tuvimos un día maravilloso.  Fuimos con Alejandro a la clausura de la escuela de formación deportiva de Béisbol. Tres días atrás le habíamos comentado sobre la ceremonia y que en ella recibiría un diploma por participar en la escuela. Durante dos días hizo varios comentarios al respecto, la noche anterior estaba emocionado, se acostó rápido y sin embargo tardó en dormirse hablando de su diploma.

En la mañana desayunó como siempre, sin afán alguno. No encontrábamos sus medias y el pantalón del uniforme lo había dejado lleno de tierra el día anterior. Por eso salimos más temprano para comprar un pantalón deportivo de algodón y una camiseta. Se veía feliz y expectante. Al llegar al lugar de la ceremonia, pocos habían llegado. El encuentro estaba pactado para las doce del día. Alejandro encontró el sitio ideal para sus correrías, un escenario de gimnasia. Fueron llegando sus compañeros uno a uno, entretenido en una tablet con juegos de secuencia, suma y matrices de doble entrada, no prestó atención a quienes llegaban.

Una vez se dio inicio a la ceremonia, se le pidió a todos los niños pasar a otra área, lo que les permitiría entrar por un arco adornado con flores y con un orden preestablecido por el entrenador. Como es nuestra costumbre le dimos la mano a Alejandro con la idea de acompañarlo en todo el tránsito. En ese momento uno de sus compañeros le dijo "vamos Alejandro", lo tomó de la mano y se lo llevó con el resto del equipo, él marcho sin problema. !Maravilloso¡ Nos sentamos esperando la salida de los niños, salieron en grupos formando cuatro filas, adelante estaban los más pequeños. Y Alejandro no salía, apareció dirigiéndose adelante de la primera fila, la mascota del club, lo hizo con tal naturalidad. 


A renglón seguido sonó el himno nacional de Colombia, los niños se quitaron la gorra y la colocaron junto a su pecho, en un primero momento Alejandro no reaccionó, pasados unos segundos observó a los otros niños, quitándose de manera inmediata la gorra, ubicándola en el mismo lugar de sus compañeros. Estuvo en posición de saludo a la bandera (más allá de lo que pensamos fue hermoso ver su respuesta ante el comportamiento grupal). En esos cuatro minutos lloramos de alegría, las lágrimas nos corrían por la cara, no tenemos explicación y no hace falta, simplemente nos emocionó verlo en esa conducta, sin imposiciones o repeticiones.



Después del himno sus compañeros se pusieron la gorra, con una diferencia de segundos imitó la conducta. Luego durante unos 25 minutos estuvieron escuchando palabras de los entrenadores, donde alababan su entrega, disciplina y la importancia que el béisbol tiene para darles opciones distintas de vida. Alejandro conservó su posición. Como por variar en nuestro país, apareció el politiquero de turno reclamando deudas inexistentes porque ha apoyado una liga deportiva (lo que es su obligación). De manera no sorprendente, Alejandro salió corriendo, para ir a jugar con unos balones medicionales. Lo otros niños se tragaron la panfletaria intervención. Solo salió de allí cuando el entrenador avisó que iba a empezar con la entrega de los diplomas, Alejandro regresó a su lugar. Entre diploma y diploma a Alejandro le dio por acomodar los números de la zona de premiación, a diferencia del 2 -1 - 3, el los acomodó 1 - 2 - 3. Sus compañeros no se inmutaron, le permitieron hacerse a su lado cuando a cada uno le daban un trofeo o el respectivo diploma. Y por fin le tocó a él, estaba dichoso, se subió en compañía de uno de sus compañeros, quien luego lo dejó solo, sonrío con timidez para luego llenar todo su rostro de Alegría.  Cuando fuimos a mirar el diploma, nos dijo, persíganme (él está muy acostumbrado a este refuerzo),  corrimos por el escenario hasta que llegamos a las colchonetas de las anillas. Su rodar lo hizo con diploma y todo. Después vino la despedida, un "adios chicos". Quedamos con una alegría nostálgica, en un silencio lleno de suspiros y agradecimientos.



Los niños y niñas que han rodeado a Alejandro han sido definitivos para su transitar por espacios de socialización. Ha encontrado seres humanos gentiles, respetuosos, amorosos, solidarios, cercanos, dispuestos y con una gran paciencia para aceptar sus arranques, gritos y empujones ocasionales. En eso él y nosotros hemos sido muy afortunados. Sin embargo creemos que de haber escogido otros escenarios con niños engreídos, presuntuosos, demandantes, intimidados o intimidadores, caprichosos y burleteros, estaríamos contando otra historia. Sin lugar a dudas haber escapado de los escenarios del arribismo y la apariencia social ha sido definitivo para estar contando esta historia.

Abrazos a todas y todos.