jueves, 19 de diciembre de 2013

Padresconautismo. Afirmación 15: Todos las niñas y niños son especiales.



Afirmación 15: Todos las niñas y niños son especiales.





En las distintas instituciones de la sociedad contemporánea hemos sido formados para asumir una contradicción que incrementa nuestra dependencia y reduce nuestra capacidad para tomar decisiones y producir recursos.

En la socialización primaria y secundaria las instituciones enmarcan formas pululantes entre el colectivismo y el individualismo, asumimos tradiciones, credos, normas, supuestos y sobre todo la sensación de pertenecer a un territorio.

La viejas instituciones (familia, escuela, comunidad, trabajo, iglesia, Estado) perpetúan los supuestos de tradición, en una clara disociación entre los ideales de la norma y las prácticas cotidianas. La nuevas (mercado, publicidad, centros comerciales, industria cultural, flexibilización laboral, TIC, crimen organizado) asumen sin recato y con un cinismo profundo la doble condición del ser humano: consumos  ofertados como individuales que tienen como contraparte  los consumos colectivos. 






Estas nuevas instituciones no brindan la sensación de pertenencia, su esencia es la volatilidad, el anonimato y el movimiento, por ello han logrado colonizar ese intersticio entre los ideales de la norma y las prácticas cotidianas. No en vano   el subtexto de todo el discurso que acompaña al consumo está centrado en el hedonismo y el logro posible de todos los caprichos individuales. Lo curioso es el resultado de dicho discurso, una paulatina y creciente concentración de los recursos y las decisiones. Un abandono gradual de los principios de bienestar común, subsidiaridad, solidaridad, protección social, accesibilidad y garantías sociales.

Inevitablemente estas instituciones han influenciado las viejas instituciones, y a partir de mentalidades que son metamórficas se ha consolidado para el caso específico de la escuela un modelo de prestación de servicios que supone un paquete de conocimientos, competencia y estándares, que de cumplirse formarán a un ser humano con capacidad de ser parte de un modelo de vida tutelado por las nuevas instituciones.








Lo interesante es que ese consumidor tendrá apetencias cercanas a los otros consumidores, tenderá a buscar la comodidad más allá de la realización humana; privilegiará  las relaciones sociales de conveniencia por encima de las redes sociales solidarias; se ufanará de una capacidad incrementada de inclusión social en prácticas que son mayoritariamente anónimas;  creará la verdad a partir de la información brindada por las TIC minusvalorando incluso las evidencias que encuentra a través de sus propios sentidos; apoyará claras demostraciones de autoritarismo y uso excesivo de la fuerza, si estás no alteran su funcionalidad cotidiana; adorará la apariencia como nueva forma de culto, lo que le determinará el incremento de necesidades innecesarias,  invertirá una energía desmedida en la consecución de productos masivos que representan prestigio social, y se opondrá con fervor a cualquier propuesta de cambio que contenga referentes de una vida premoderna.  







La escuela hoy, en una simbiosis entre el ayer y el futuro, dado que no es un escenario de presente, no se pregunta por los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que transitan y anidan temporalmente sus espacios, sus intereses están en los paquetes que se ofertan, porque incluso su aplicación  tiene poca importancia. Recién estamos haciendo una investigación en nuestra región, donde es claro que los resultados de los ejercicios de planeación son la pauta para la permanencia formal de la escuela, y los resultados en promoción anual de estudiantes son la pauta de financiación. Eso significa que lo sucedido entre el momento inicial y final, es lo de menor valía institucional. ¿Y qué pasa en ese tiempo?, suponemos que se invierten múltiples esfuerzos en el proceso de aprendizaje y buen vivir de los estudiantes.

La escuela se encuentra entre la formalidad administrativa y la supervivencia financiera, por ende más allá de la planeación, en la vida cotidiana esta acude a las habilidades, conocimientos y prejuicios de su personal docente. Es por eso que más allá del logocentrismo tradicional, el docente esté recibiendo toda la carga del proceso formativo.




Y como es de esperarse emergen los saberes y presaberes del docente, en un ejercicio que no es sinérgico, simplemente es el apilonamiento de prácticas de aula que se amparan en el supuesto de la planeación previa. El presente desaparece por completo, introduciéndose en la cotidianidad del aula y la escuela una lógica individualista que promueve y estimula a los estudiantes que por efectos extraescolares tienen la predisposición para participar del ritual escolar.

El día a día se cifra en la resultante  del mañana, aquellos que no obtengan resultados cercanos al promedio, empiezan a quedar rezagados con respecto a los otros, por ende el nivel de observancia de su rendimiento disminuye, a no ser que por efecto de las políticas públicas y los programas asociados a la escuela algunos niños y niñas sean visibilizados por sus condiciones particulares, implicando un observancia adicional del docente y de los acompañantes que por fortuna los acompañan.




Al culminar los periodos académicos, los docentes asumen una tábula rasa de corte estadístico o por ejercicios de valoración subjetiva, que tienen más relación con los efectos finales de los distintos esfuerzos en el aula, que con los procesos efectivos de aprendizaje de los participantes. ¿Cómo se garantiza que el paquete de conocimientos y formación presupuestado se cumpla? En general no hay forma de hacerlo, las calificaciones parciales (más que los ejercicios de evaluación) son los que determinan la promoción, sin embargo es difícil afirmar que se tiene conocimiento sobre lo que efectivamente se está promocionando.



En esta lógica anotada los niños especiales son aquellos que figuran en la construcción de sentido de la escuela y del docente, ya sea por su rendimiento académico, su participación en actividades extra aula, su indisciplina, o por pertenecer a programas de inclusión que los denominan como tal.

Si  la escuela asume el presente, y por lo tanto se cumplen los mandatos de ley de la mayoría de los países donde se plantea que el estudiante es el centro de atención del sistema educativo, necesariamente todos los niños serán especiales. Al ser fundamental la observancia de cada uno para entender su proceso y las necesidades específicas de acompañamiento requerido, la escuela, los entes administrativos y los docentes deberán replantear prácticas, principios y formas de tradición que para nada incluyen la centralidad del estudiante.




Si ello no se da, la tragedia de la educación seguirá siendo parte de una construcción social que ha sido abandonada desde la escuela. Serán  las nuevas instituciones quienes determinen de forma absoluta las distintas estructuras del sujeto.

Creemos que los padresconautismo estamos llamados a reclamar una escuela en que todos los niños y niñas  sean especiales, aportando todos los elementos que nos ha brindado el trabajo y aprendizaje con nuestros hijos.







Abrazos a todas y todos.