jueves, 14 de noviembre de 2013

Padresconautismo. Los más complicado para nosotros son las demás personas.



La vida que estamos construyendo está llena de satisfacciones, felicidad, entrega, compromiso, alegrías, angustia, derrotas, hecatombes, aprendizajes, reconocimientos y mucho amor. Cuando estamos en RAAS Vida Digna (en casa) o en la Escuela rural de Montelargo (donde hemos adaptado un aula estructurada para que Alejandro y otros niños puedan participar activamente en su proceso de aprendizaje), todo parece armónico, y las relaciones que establecemos con los adultos son plácidas, respetuosas y solidarias.



El drama comienza cuando salimos de estos dos lugares a enfrentarnos con los estereotipos, prejuicios y discriminaciones de los demás. Solemos recibir mucha agresión, especialmente en los lugares concurridos. En estos espacios se espera un comportamiento muy homogéneo, y claramente Alejandro no corresponde a lo esperado. El solo hecho de que corra, salte, hable en voz alta (sin gritar), susurre, golpee superficies para generar sonidos, tome objetos que no se han de dañar, acceda a espacios que evidentemente no serán trastornados con su presencia, o nos invite a una serie de acciones que son propias de salones de baile o gimnasia, implica que seamos el blanco de un mar de rumores, miradas, distanciamientos y en algunos casos improperios.




Al principio eso nos generaba angustia y solíamos reprender a Alejandro por su comportamiento, tratando de que este fuera menos diferenciado. Tamaña tontería la que hacíamos, sin embargo eso era producto de la novedad, el desajuste de los espacios, y nuestro malestar por encontrarnos en lugares que no eran de nuestro gusto. 





En general acudimos a ellos con la finalidad de hacer generalizaciones con respecto a habilidades trabajadas en casa y escuela, y es evidente que Alejandro ha mesurado su comportamiento en el espacio público. Y sinceramente no sabemos si eso es lo que realmente nos interesa con respecto al niño. Desde nuestro punto de vista cualquier aglomeración es un escenario de deshumanización e instrumentación social, por eso se espera que allí  las conductas  sean repetitivas, tenues, conservadoras, contenidas, con poco movimiento físico y sin atentar con supuestos límites espaciales.





Con el tiempo, hemos aprendido a disfrutar del desparpajo de nuestro amor, y con gusto seguimos sus acciones aparentemente disparatadas, aprendiendo  a confrontar con risa, emoción y amabilidad cualquier indicio o seña de desaprobación o estigmatización. Creo que ha sido muy útil que nosotros como adultos trabajemos la imitación inversa, nos dedicamos a hacer todo aquello que Alejandro propone, asumiendo el ridículo como una oportunidad para nuestra propia condición existencial. Es una forma de liberación ante las amarras que impone un acuerdo social que ya perdió su sentido cálido para convertirse en una experiencia gélida y distante.




Igual entendimos que los parques de atracciones con máquinas que emiten sonidos agudos, son una bomba de tiempo. Allí Alejandro llega a niveles de excitación que sobrepasan cualquiera de nuestros recursos de acompañamiento y mano tendida. Por eso los evitamos a toda costa, a pesar de que él los reclama con cierta frecuencia. Esperamos trabajar más en distintos aspectos de la integración auditiva, para hacer posible que disfrute en ellos sin el nivel de excitación que genera. En esos momentos lo que más utilidad ha tenido es el lugar de reflexión. Al sobrepasar los otros mecanismos le indicamos que se siente, acuda a su cuerpo y escuche su pensamiento. Hasta el momento esta técnica no ha fallado, !por fortuna¡





El resumen de susurros que hemos escuchado es algo parecido a lo siguiente: "para que tuvieron un hijo si no lo saben criar", "deberían meterlo en un centro especial", "ese niño no es normal", "padres malcriadores", "irresponsables", "esa gente no debería estar en estos lugares", "ese niño es un peligro", "que el niño no toque", "si fuera mi hijo no le daría tanta larga", "se meten a tener hijo, que brutos", "se los comió vivos", "llamen a seguridad", "me lo sacan de la tienda", "es el colmo como lo dejan hacer lo que le da la gana", "ayúdeme con el niño, no puede estar aquí", "se nota que es abandonado", "tan viejo y no sabe tener hijos", "cómo lo dejan dañar la ropa", "cómo le niegan dulces a un niño", "solo una mamá sin corazón no le da helados a un hijo", "pobres niños".






Esto no significa que no encontremos personas que ven un poco más allá de lo del estereotipo, sin embargo estas actúan con una especie de temerosidad cuando ven a Alejandro en acción. 






Como decíamos, empezamos a trabajar la imitación inversa y con ello logramos que las miradas se desplazaran a nosotros, por eso los epítetos han empezado a discriminar nuestra conducta, convirtiendo a Alejandro en una víctima inocente de nosotros, un niño que tiene unos padres terribles. Eso nos divierte mucho, mientras tanto ante nuestra evidente risa  Alejandro pregunta ¿por qué se ríen?

Un abrazo a todos y a todas.