sábado, 30 de noviembre de 2013

Padresconautismo. Afirmación ocho: El cuerpo es el escenario básico de la comunicación

El cuerpo es el escenario básico de la comunicación






Podemos pensar que el cuerpo humano se expresa en tres dimensiones, el microcosmos, compuesto por lo biofísico, bioquímico y cuántico; el mesocosmos, constituido por el cuerpo anatómico, funcional y social; y el macrocósmico conformado por las fuerzas cósmicas y telúricas. Al hablarse convencionalmente de comunicación, inmediatamente se relaciona a esta con los lenguajes de la oralidad, la proxemia y la kinesis. Es como si todo el umbral comunicativo hubiera quedado reducido a una pequeña franja que desconoce los otros campos.

De acuerdo a esta mirada de franja, antes del lenguaje surge la comunicación.  Con los ejercicios protodeclarativos y protoimperativos los niños y niñas menores de 18 meses establecen formas de comunicación que se tornan predecibles, ello significa que sus interlocutores logran decodificar  sus enunciaciones y responder de manera asertiva para que ellos reconozcan en esas formas de comunicación recursos que les permite suplir sus necesidades y deseos. 






Podríamos decir que esa es la pequeña porción conocida, la que hemos entrenado como animales y como seres humanos hasta establecer patrones generales llamados lenguaje, cuyas estructuras  más reconocidas y reconocibles son la oralidad, la proxemia y la quinesis. De allí en adelante se han estructurado otros tipos de lenguaje que pertenecen más a los sistemas culturales y sociales y no a la experiencia cotidiana (la escritura, los lenguajes gráficos, los lenguajes crípticos y recientemente los lenguajes binarios - digitales).  


Alejandro solía tener movimientos estereotipados, bueno, esa era la lectura que hacíamos apoyados en los textos leídos, por fortuna en muchas tardes de compañía logramos comprender que dichos movimientos contenían una intencionalidad comunicativa, que si bien no tenía relación con un interlocutor específico, si proponían a los presentes en el entorno algún tipo de enunciación.

Ejemplo de ello, nuestro amado empezaba a lanzar piedras en el plato del perro, primero arrojaba una o dos piedras para luego incrementar el número hasta llenar el plato y luego lanzarlo al alcantarillado. Pensando que era un alcantarillado compartido, al principio buscábamos derivar el arrojar las piedras a otros sectores de la casa. Por cualquier casualidad nosotros empezamos a arrojar piedras en el plato, justo ahí Alejandro levantó la cabeza y siguió con su ejercicio. De nuevo arrojamos más piedras, con una repetición del gesto. 






Ahí surgió la idea de la imitación inversa (nosotros imitaríamos a Alejandro, evitando similitudes extremas).  Continuamos con el ejercicio mutuo, lo que derivó en cambiar el blanco de las piedras, para empezar a lanzarlas  a los barrancos,  las cercas vivas y el cafetal. Ese simple ejercicio incrementó nuestro contacto ocular con Alejandro. 


Muchos de los movimientos de los niños, denominados autoestimulantes, no son reportados como expresiones comunicativas, incluso la pauta de manejo frente a este tipo de movimientos es su control, extinción o inhibición, en tanto se piensa que perpetúa una retroalimentación positiva que redunda en el  aislamiento del niño.





Previo al encuentro con Alejandro, han sido múltiples los encuentros con jóvenes y adolescentes, con los que se ha trabajado  el cuerpo como un escenario comunicativo que puede expresarse desde cualquiera de sus rincones con  la finalidad de establecer puentes con aspectos de la propia interioridad o con experiencias externas. En este caso la comunicación se asocia con la inteligencia de los tejidos intracelular, intersticial y extracelular, los cuales generan múltiples paquetes de información que son decodificados acorde con los receptores que  reciben los mensajes bioquímicos y biofísicos.


 Hay en el cuerpo una experiencia comunicativa heredada que se queda en el microcosmos, por ende no es percibida por nosotros, sin embargo eso no niega que esta exista. Igual  encontramos una experiencia del cuerpo mesocósmico (el cuerpo concreto - anatómico y funcional) que es  es amplia, compleja y sutil. Lastimosamente nos ha entrenado solamente para percibir la que está asociada al lenguaje.  

Es por eso que a partir de la imitación invertida, fuimos creando pautas de escucha ampliada, que retomaron gran parte de la experiencia previa, lo cual nos permitió abordar comunicativamente el cuerpo desde cuatro acciones específicas.






1. Imitación del  movimiento asociado a los patrones cotidianos y funcionales (levantarse, acostarse, correr, saltar, gritar, rodar, caminar, lanzar, tomar, etc), sin importar las particularidades de los mismos.

2.  Acompañamiento frente a frente en la quietud, el silencio, la ausencia...

3. El cuerpo manipulado con objetos, límites, extensiones, contracciones, tensiones, sensaciones. A nivel superficial, medio y profundo.

4. Con el tacto, la presión, la temperatura, la vibración, el golpeteo y el soplidos se comparten mensajes específicos utilizando la piel como amplificador de palabras, imágenes, gestos, sonidos y movimientos.

Con respecto al macrocosmos el cuerpo es asumido en un interjuego con la vida como síntesis del encuentro entre lo cósmico y telúrico, por ende se buscan situaciones y experiencias que le permitan a Alejandro (también a Luana y Sebastian) relacionarse sutilmente con ellos. Caminatas en el césped, los ríos, el pantano, el páramo, la arena, las piedras, las hojas, las raíces. Uso espontáneo  e inducido de  los sentidos, escucha del silencio, tacto del aire, degustación del agua y otras muchas posibilidades.





Un abrazo a todas y todos.