domingo, 17 de noviembre de 2013

Padresconautismo. Los alimentos en los niños con autismo.






Los alimentos en los niños con autismo.


Es frecuente leer en la red, sobre distintas investigaciones que tratan de definir la etimología del autismo, buscando sus causas y desencadenantes. Hasta ahora no existe el primer estudio conclusivo al respecto. A la par hay múltiples documentos que tratan sobre el impacto positivo que tiene un cambio en la alimentación en los niños con autismo, especialmente cuando se hacen restricciones ligadas a productos que en su mayoría obedecen a un proceso de transformación industrial.









Hay pocos textos que hacen una articulación entre la primera y segunda temática. Sabemos bien que el cambio en las formas de alimentación ha generado respuestas biológicas que hoy se expresan en distintas enfermedades como las hipercolesterolemias, la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad, alergias alimentarias y sindromes medulares por deficiencia de Vitamina B12, entre otros.

Ante la basta información demostrativa es posible afirmar que los cambios alimentarios han determinado respuestas orgánicas en los seres humanos, que sobrepasan las respuestas ya conocidas por los mecanismos neuroendocrinos, inmunológicos y tisulares del cuerpo humano.







Todos los seres humanos estamos expuestos a esa cascada de moléculas previamente desconocidas en el ambiente tisular (los tejidos), además dicha exposición ha sido en tan corto tiempo que ha conllevado un estrés tal, que las respuestas conocidas por el organismo derivan en reacciones que son del todo novedosas.

Si bien nuestra capacidad de actuación en las causas originarias del autismo (no entendido como enfermedad, sino como respuesta inteligente de un sistema  biológico llamado ser humano) es mínima, al otro extremo del umbral nuestra capacidad de actuación se incrementa y la mejor herramienta con que contamos es asumir conscientemente y sin alienación nuestra rutina alimentaria.







Este texto no es más que una corta reflexión sobre lo que ha sido el cambio funesto en las formas de transformación y uso de los alimentos, seguido del papel del conocimiento en dicho cambio. A renglón seguido   se hacen algunas afirmaciones sobre lo que pasa en el organismo con el cambio consciente de patrón alimentario para hacer posible las reacciones a veces milagrosos de los niños y niñas con autismo. 

En su cierre se presentan algunas afirmaciones que esperamos contribuyan a esa naciente toma de conciencia sobre el papel deletereo de  la alimentación comercial en nuestro sistema biológico. 

Nadie distinto a nosotros puede iniciar esos cambios...







Los cambios vividos en la relación cotidiana con los alimentos 


Hasta mediados del siglo XX, nuestra  relación con los alimentos estaba mediada por la tradición cultural del grupo social. En el caso colombiano al indagar sobre el conocimiento que los abuelos tenían sobre el alimento, lo encontrado refería un conocimiento sobre las bondades energéticas de los alimentos. Las características organolécticas más valoradas eran el aspecto, el sabor del alimento y su capacidad de generar una sensación duradera de plenitud gástrica. No existían referentes sobre el contenido de calorías y mucho menos sobre la relación que estas tenían  con las proteínas, las grasas y los carbohidratos.


Después de la segunda guerra mundial se empezó a fortalecer la industria mundial de los alimentos, favorecida por el desarrollismo nortemericano, que a partir de 1948 propuso  una mejora significativa de las condiciones de vida de todos los habitantes del mundo, con el presupuesto de tener la formula para revertir las condiciones de pobreza, hambre e insalubridad de muchos habitantes del planeta.

Se creo el plan mundial de alimentos, que tuvo impacto en distintas zonas del mundo, creando una aparente mejora en la condición de vida de millones de seres humano. Aparecieron los modelos de cultivo extensivo, la investigación sobre semillas y técnicas de cultivo mejoradas (incluido el creciente uso de sustancias químicas para incrementar la productividad  y disminuir la vulnerabilidad de los cultivos). En distintos países se crearon centros de investigación financiados por grandes fundaciones de los países industrializados, a la par se crearon encadenamientos administrativos que amarraron el incremento de la producción a programas masivos de alimentación. Ejemplo de ello fue el incremento exponencial de consumo de lácteos en centros de cuidado de primera infancia y en escuelas públicas.







Con las transformaciones sociales y culturales de la segunda mitad del siglo XX, se evidenciaron efectos demográficos de gran envergadura. En el caso latinoamericano -  antes de la segunda guerra mundial - el 80% de la población habitaba en zonas rurales, con excepciones puntuales, como fueron las concentraciones demográficas de  Argentina, Uruguay y el norte de Chile.

La relación con los alimentos tenía un significado profundo en las tradiciones y rituales de millares de poblados de vocación rural. El poblador común tenía relación directa con la cadena alimenticia, desde la semilla, pasando por el cultivo, el riego, la cosecha y el almacenamiento y la comercialización, para llegar  por último a la transformación culinaria y al consumo. El conocimiento sobre la calidad de las semillas y las técnicas ancestrales de cultivo de pequeña escala, pasaban de generación en generación sin sufrir un menoscabo importante.

Con la transformación demográfica y el incremento paulatino de la concentración urbana, que hoy se presenta con una traslocación completa (80% de la población apiñada en zonas urbanas), la relación con los alimentos fue cambiando de manera dramática, sin que ello significara conciencia poblacional sobre las implicaciones de dicho cambio. La experiencia directa frente al alimento perdió importancia, y fue desplazada por las grandes encadenamientos de productos, transformadores  y servicios, que necesariamente por su tamaño y concentración, estaban muy distantes del poblador (hoy llamado consumidor final).






La tradición cultural, el saber ancestral y los rituales de trasmisión de saberes dejaron de ser las pautas que le permitían al poblador reconocer las condiciones adecuadas del manejo, conservación y transformación del alimento.

Dicho papel fue asumido por los círculos de promoción de la industria, los servidores públicos al servicio de intereses particulares, los gobiernos de turno, los científicos en búsqueda de financiación para sus estudios, los expertos, los profesionales y hoy por hoy por los medios masivos de la información y la comunicación. En el presente la publicidad es el gran experto, en los empaques dictamina qué se debe usar, cómo y cuanto. 

De otro lado la transformación demográfica estuvo amarrada a cambios profundos en la relación social. Emergieron nuevos puestos de trabajo, concentración laboral, horarios de trabajo intensivo y regulado, largos desplazamientos para llegar al lugar de trabajo, disminución del tamaño de las familias hasta tornarlas nucleares, el acceso de la mujer al mundo laboral, la sobrevaloración de la ciencia y del ciclo educativo, el individualismo, las hiperestesias, los consumos especializados y la soledad alienada del sujeto.


Como ciudadanos del siglo XXI, somos herederos de esas condiciones creadas, por ende nuestra dieta está regulada por la publicidad y el mercadeo, creemos ciegamente en los compromisos de la industria de los alimentos, suponemos que tienen una alta ética y que su interés genuino son los consumidores finales.

A la par los cultivadores y criadores han privilegiado la rentabilidad sobre la calidad natural de sus productos, por ello el creciente consumo de productos de tipo químico, biológico y genético para incrementar día a día los dividendos de una mayor productividad. La calidad organoléctica no es importante, y esto también tiene relación con los dictados de la nutrición que de manera irresponsable han centrado sus métodos en el conteo de calorías, olvidando múltiples factores que tienen que ver con la calidad de los alimentos y sus efectos en el cuerpo humano.






El plan mundial de alimentos cumplió con un cometido importante, logró erradicar en muchos lugares del mundo los conocimientos ancestrales, restandoles incluso su valor cultural. En general los campesinos del mundo aprendieron a cultivar con el uso de semillas mejoradas (olvidando la conservación de las semillas propias) insumos y agroquimicos, sin ser importante de nuevo el consumiros final. De nuevo volvemos al tema de la rentabilidad.

El desarrollo tecnológico  también ha cumplido un papel protagónico, su concepto centrado en facilitar los procesos de transformación de los alimentos en casa, ha implicado el olvido de técnicas artesanales de gran valía en la conservación de propiedades organolecticas de los alimentos. Indudablemente el ejemplo más escandaloso es el del horno microondas, de gran penetración en las lógicas de transformación de alimentos. Es conocido que su acción microfísica transforma las condiciones isomórficas de los alimentos, llevándolos de una configuración cis a una configuración trans. Sabemos que dicha configuración no es biologicamente compatible, y por ende los alimentos preparados en este aparato son causantes de procesos aumentados de oxidación celular, dicho de otra manera, causante de procesos de deterioro celular temprano.










El papel del conocimiento

Los estudios sobre los alimentos han producido una gran cantidad de datos sobre su compatibilidad con la  vida humana. Lo curioso es que la nutrición como disciplina y la ingeniería de alimentos como campo de desarrollo tecnológico, ha derivado sus estudios, algo lejos de lo que muchos estudios microscopicos han demostrado. Es como si se evitara indagar aspectos de los alimentos que son contrarios a la industria. Desde esta óptica tradiciones culturales como la aryurveda, que soportan gran parte de su desarrollo en la alimentación, son convertidas en prácticas ideológicas sin soporte científico. Podría decirse que es vista como una práctica de excéntricos desadaptados.

Al contrario de esto, la nutrición y la ingeniería de alimentos han enfilado sus baterías al hallazgo de múltiples sustancias (moléculas) que favorecen aspectos de los alimentos que son favorables para la industria. Sabores que exciten las papilas gustativas, colores que estimulen el consumo, texturas de fácil masticación y olores que permitan asociaciones con objetos deseables. 






La propuesta final en el campo de los alimentos es alargar su vida media, reducir el deterioro ante los efectos del medio ambiente, aprovechar al máximo la materia prima, hacerlos homogéneos para que sean consumidos en múltiples lugares del planeta, y darles cualidades novedosas que sorprendan el paladar. No olvidemos que todo esto se hace bajo la premisa de rentabilidad y  reducción de costos.

Si estas sustancias son biocompatibles no es importante, el esfuerzo se hace para tornarlas  poco tóxicas y  aceptables por parte de los órganos de control, vigilancia y seguimiento de cada país.





Sin embargo el conocimiento no se construye en una sola dirección, existen investigadores e instituciones independientes que han desarrollado distintos estudios sobre sustancias producidas por la industria. Ejemplos clásicos como: los de los cereales inflados que son menos nutritivos que el agua, el rojo 40 que es comprobádamente carcinogénico, las bebidas carbonatadas que incrementan los mecanismos de oxidación celular, los lácteos que incrementan los procesos de secreción mucosa en la vía respiratoria, el azúcar que se convierte en el mayor oxidante,  y los metales pesados que enloquecen las respuestas inmunológicas, demuestran que dicho conocimiento existe, aunque con una baja contrastación que  ha obedecido a carencia de fondos para hacer los estudios más grandes y longitudinales.


Los niños con autismo, un llamado de atención a la mentalidad alienada.

Cuando unos padres empiezan a buscar frenéticamente pistas para el manejo de su hijo o hija, se encuentra con un apretado panorama ligado al gran desconocimiento que existe sobre esta expresión humana. Una de las puertas que primero se abre es la ligada a la oportunidad que brinda un cambio en la minuta alimentaria del niño o niña (adolescente, adulto). Aparecen formulas que sugieren evitar de facto los alimentos con gluten, caseina, jarabe de maíz, proteínas de gran tamaño, metales pesados y moléculas trans. Y se empieza a trabajar con estos presupuestos. Lo más valioso es que este simple cambio en el consumo genera desempeños evidentes en los niños.






De acuerdo a la homotoxicología, dicho efecto se da porque cambia el pH del tejido celular, los alimentos promovidos por la industria acidifican el organismo, por ende este entra en un proceso de empantanamiento de sus respuestas neuroendocrinas e inmunológicas. Al reducirse el efecto acidificante, dichas respuestas son recuperadas, amplificando un proceso de acciones que desfavorecen la oxido reducción, la formación de superoxidos  y el deterioro celular. !Claro! a partir de esto los cambios son visibles, es un organismo que se recupera a sí mismo. 

A renglón seguido empieza el mecanismo de vicariación regresiva, en él lo frecuente es ver que el niño empeora con respecto a su salud, o con relación a su expresión autista. Incluso logramos identificar el parecido con una situación del pasado. Esto se da porque la inteligencia celular retrotrae la memoria biológica de las reacciones neuroendocrinas e inmunologicas de otros momentos críticos. Al reconocerse el tipo de respuesta dado en esos momentos, el organismo la ajusta inteligentemente, recreándola. Con esta acción se reduce o elimina la irritación, pasándose a una anterior y así sucesivamente.

A partir de este primer hallazgo se dan diversas prácticas alimentarias,  que favorecen o desfavorecen dicha vicariación. 








Algunas ideas para el manejo alimentario de niños y niñas con  autismo


Sin pretenderse un decálogo del manejo alimentario de niños con autismo si nos atrevemos a plantear algunas ideas acorde con lo que hasta ahora se ha anotado en este texto.


1. Nuestro hijo con autismo es una oportunidad única para construirnos como consumidores conscientes y no alienados.
2. Debemos indagar sobre los alimentos en cada eslabón de la cadena, de nada vale un alimento sin gluten o metales pesados, si es envasado en materiales de liberación lenta, que pueden encontrar pésimas formas de bodegaje, haciendo posible su liberación hasta niveles tóxicos.
3. De preferencia debemos seleccionar alimentos no transformados por la industria. 
4. Es sano tomar la costumbre de leer el código de barras para conocer la procedencia de los alimentos.
5. No vale la pena leer la información que los empaques tienen sobre el alimento sino leemos a conciencia sobre los ingredientes que allí aparecen.
6. Nuestras baterías de ollas tienen que ser de acero inoxidable, idealmente quirúrgico.Evitemos las ollas con teflón, este material suele liberarse cuando tiene un mínimo deterioro.
7. Evitemos comprar productos empacados con papel film.
8. Vale la pena indagar sobre mercados ecológicos o alimentos de producción biológica.
9. La mayoría de los productos de la industria alimentaria tienen jarabe de maíz, gluten y caseina.
10. Como colorantes y saborizantes utilicemos plantas aromáticas (tallos, raíces y hojas) o semillas.




 11. Todo el arroz de consumo masivo es altamente tóxico.
12. Los aminoácidos de la soya son exponencialmente más acumulativos que las de los cárnicos. Sugerencia, evitar la soya, igual que las carnes de procedencia desconocida. Mucho más las carnes frías y los enlatados.
13. Es necesario coquetear y conquistar la agricultura doméstica, existen múltiples manuales que facilitan este ejercicio.
14. Ante la pésima calidad del pan que se vende en el mercado, la panadería debe hacerse en casa (harinas de plátano, yuca, arracacha, garbanzo, quinua, arroz, amaranto, maíz nativo, linaza, ajonjolí, alpiste).
15. Aprendamos a comer con sabores distintos a los del azúcar y la sal.
16. Cocinemos de preferencia a fuego lento, debemos conocer la secuencia de transformación de los ingredientes al ser sometidos a la temperatura. Siempre debemos defender los valores nutricionales.
17. Los germinados son fáciles de hacer y su valor nutricional es muy alto, la mayoría de los  que encontramos en los supermercados son de soya, no vale la pena consumirlos.
18. El cincuenta por ciento de lo consumido en el día debe ser crudo.
19. Evitemos mezclar líquidos con sólidos.
20. Evitemos tener en el mismo plato carbohidratos (harinas) y proteínas. Los podemos distribuir en el día.
21. Los frutos se consumen fuera de las comidas, mínimo una hora antes o después.
22. Cualquier suplemento alimenticio promocionado en el mercado, puede ser reemplazado con ventajas por mezclas alimentarias. El secreto en este caso es indagar.
23. Los mucílagos (linaza, sabila, granadilla, etc)  son muy importantes para mantener el intestino delgado en buenas condiciones de motilidad y absorción.
24. Hay otras ideas que en este momento no rondan la memoria operativa.


Abrazos a todas y todos.