jueves, 28 de noviembre de 2013

Padresconautismo. Afirmación Siete: La comunicación se encuentra entre un umbral de incomunicación y no comunicación.

Afirmación siete. La comunicación se encuentra entre un umbral de incomunicación y no comunicación. 

Cuando pensamos la comunicación solemos ubicarla en una relación binaria con la no comunicación. Ello significa que nos comunicamos o no nos comunicamos. Dicha afirmación es incompleta en tanto la comunicación, no es en si misma una condición dada, o un elemento que pueda ser caracterizado de manera completa y unitaria.

A la par no es una experiencia común en todo su sentido, al ser un ejercicio de seres humanos, grupos, colectivos y dispositivos, la posibilidad de lo común se asocia a una diversidad de expresiones y condiciones que hacen de la comunicación una experiencia concreta que es validada o no por quienes intervienen en ella.

Existe un modelo teórico que vale la pena acercar a este diálogo. La comunicación la encontramos entre la incomunicación y la no comunicación. Podríamos afirmar que la comunicación es todo aquello que existe entre ambas, estando más cercana o lejana de una u otra.

La incomunicación se da cuando las condiciones del entorno o del ser humano no permiten que  la experiencia comunicativa sea posible, sea porque el mensaje no puede transmitirse, la emisión no puede darse o la recepción está obstaculizada.

La no comunicación se relaciona con la ausencia de los elementos que estructuran un acto comunicativo.

En el caso de los niños y niñas con autismo es frecuente encontrar que son concebidos como una suma de  incomunicación y  no comunicación, en otras palabras al no existir umbral entre ambas, la comunicación no es posible. Esa concepción es la que en parte nos ubica en la tarea de pensarlos tras una esfera de cristal.

Seamos más detallados, en apariencia los niños con autismo no se comunican, especialmente aquellos que son diagnosticados con una funcionalidad baja. De plano al no encontrarse un código común con ellos, la conclusión más rápida es asumir que en ellos mismos no existen las condiciones mínimas para la comunicación, eso implica no comunicación. A la par cuando se les evidencia alguna intencionalidad comunicativa, sus aparentes esfuerzos queda frustrados en tanto no encuentran los elementos para comunicarse, ahí estamos pensando en incomunicación.

La perspectiva de dicha comunicación está amarrada a nuestras formas conocidas y repetidas de comunicar, pero eso no implica  que sean las únicas.

Falta un alto nivel de investigación para poder determinar que nuestros hijos e hijas es inexistente la comunicación. Escuchando varios de los testimonios de jóvenes y adultos con Asperger o autismo de alta funcionalidad, es evidente que ellos buscaban comunicarse desde sus recursos, que en esos momentos estaban cifrados en su motricidad.  

Y si es así, necesariamente los padres, cuidadores, educadores y acompañantes debemos formarnos en el tiempo para comunicarnos desde esos códigos desconocidos en apariencia, en tanto nuestro cuerpo posee esa motricidad.

Abrazos a todas y todos.