miércoles, 6 de noviembre de 2013

Padresconautismo. Unos trozos de árbol viejo le permitieron a Alejandro comprender la progresión numérica.

Al pensar cómo lograr que Alejandro comprendiera la progresión numérica del uno al diez, nos pusimos en la tarea de utilizar juegos tipo cartas y dominó, con resultados bastante desalentadores. Para Alejandro esos números contrastados con cantidades no representaban ningún tipo de experiencia numéricas, si acaso las abordaba desde una perspectiva lingüística. Posteriormente optamos por el ábaco y las regletas alemanas, de igual forma no tuvimos la fortuna de que él asumiera la existencia de dicha progresión. 


Por fortuna tuvimos la oportunidad de visitar la propiedad rural de un conocido quien recientemente había talado unos árboles viejos, al verlo troceados, tuvimos la idea de construir una progresión que le permitiere a Alejandro hacer lo que en ese momento más le gustaba, saltar entre superficies.  Total le pedimos a nuestro amigo que  nos regalara los trozos, pagamos el transporte a casa y luego con la colaboración de un trabajador ubicamos los troncos en forma de espiral, para luego pintarlos en una progresión de cantidad del uno al diez.



Empezamos allí el trabajo con Alejandro, en primera instancia estimulamos su gusto por el salto, él decía que era una rana. Con el paso de los días le solicitamos de manera reiterada que saltara entre las cantidades de uno y dos, luego dos y tres, y así sucesivamente hasta llegar al diez. A continuación  le pedimos que diferenciara colores y cantidad, lo que hizo disfrutando cada salto. Para nuestra emoción, el niño empezó a desarrollar la progresión de manera autónoma, contando las cantidades de manera ascendente y descendente. 



La generalización la desarrollamos con las cartas y en diferentes ejercicios en el aula. !Alejandro lo había logrado¡