miércoles, 13 de noviembre de 2013

Padresconautismo. Afirmación 5. Los espacios comunican.




Los espacios comunican. 


Los espacios humanos son el producto de las ideas que han sido construidas a través de la historia, configuradas tanto en lo público, como lo doméstico. Nuestras viviendas en general no son el producto de ideas innovadoras o intencionadas con respecto a lo que ellas pueden generar en quienes las habitan. Igual pasa con los espacios públicos, estos corresponden a las tendencias de la época, concentrando en si mismos los puntos de mayor influencia y prestigio de cada tiempo.








Por ende es posible establecer que los espacios humanos son del todo intencionados, generando con su presencia situaciones, actitudes y conductas que en muchos casos son previstas por los planeadores de dicho espacio. Quizá el ejemplo más poderoso es la relación evidente entre la presencia en gran parte de las ciudades latinoamericanas de los edificios multifamiliares , con respecto al incremento paulatino de  familias nucleares como una forma común  de organización social. 






Si bien no hay un otro ser humano presente en el ejercicio comunicativo (de carne y hueso), si están presentes seres humanos  tácitos que modulan propuestas en las que nos incluimos o no. A veces solemos hablar con las casas,  los parques,  las vías vehiculares, el baño, la cocina, la habitación, la escuela, el patio, el campo deportivo, el edificio, la plaza... la ciudad.  



Dichos diálogos no son interiorizaciones, puede ser que  los escuchemos como parte de nuestro pensar no comunicado, y sin embargo en nuestro pensar interno creamos eso, unos  diálogos en los  que el espacio marca condiciones, sugerencias, susurros, y constricciones, entre otros. Eso que emerge allí tiene relación con experiencias sociales previas o con los encuentros de primera instancia. Eso es muy visible cuando se llega por primera vez a un espacio nuevo, emergen múltiples interrogantes y búsquedas para hacer conocido y reconocido dicho espacio. El espacio te cuenta, te susurra, te sugiere. 



Hace tres años llegamos a lo que hoy llamamos RAAS Vida Digna, es una casa de campo en las montañas andinas colombianas, construida con guadua, teja de barro y muros semitendinosos (técnica de estructura flexible utilizada para zonas con alta sismisidad). Sus espacios estaban hechos para que la noche fuera vivida dentro de las habitaciones dado que las zonas comunes estaban sin protección ambiental alguna. Podemos decir que era la típica casa campesina del Eje Cafetero Colombiano.






Durante los primeros ocho meses fuimos atrapados por la lógica de la casa, estar afuera en la noche implicaba cubrirse con sacos y chamarras. En ese momento nuestro trabajo con Alejandro y Sebastian estaba concentrado en los senderos, ríos,  establos, cultivos, cascadas, laderas, árboles, arbustos, parques naturales, resguardos indígenas, lagos, bosques y  pantanos (contacto con tierra, aire, agua y  madera). Por esa razón la casa no generaba tanto ruido en nosotros y de una u otra manera aceptábamos sus condiciones.




En el día la casa era utilizada como un gran lienzo en el que los niños garabateaban, trazaban, tiraban, manchaban, arrastraban. Habíamos decidido que ese sitio estuviera al servicio pleno de ellos. Por ello el inmobiliario y menaje podía ser utilizado  sin que implicara angustia  por una posible pérdida (sus huellas quedaron en paredes, pisos y muebles). Les encantaba estar desnudos correteando por los corredores, jugando en el jacuzzí, trepando árboles, usando vinilos con los que llenaban de color sus cuerpos, atrapando arena con sus manos, lanzando piedras al infinito y disfrutando de su curiosidad, risa y capacidad de asombro.





Nos llegó el diagnóstico de Alejandro como un niño con autismo. Nuestras lecturas y diálogos nos llevaron a la idea de estructurar la vida cotidiana de Alejandro para poder incrementar sus habilidades sociales, cognitivas y psicomotrices. Después de las evaluaciones, otros nos entregaron ojos adicionales para observar cosas que hasta el momento no veíamos. Por eso la casa se convirtió en nuestro objetivo. Entendiendo que ella jugaría un papel determinante en la educación de Alejandro, nos dimos a la tarea de empezar a transformarla. 






Durante dos años han emergido paso a paso nuevos espacios para que Alejandro y sus hermanos (llegó a nuestra vida un ser mágico llamado Luana) tengan los estímulos comunicativos que les permita interactuar con el espacio de manera autónoma, y a la par con la compañía de quienes experienciamos  su devenir. La tarea es que cada lugar de casa sea un espacio comunicativo, que les permita a Luana, Alejandro y Sebastian tomar decisiones a partir de la interacción y el diálogo con ellos.




Es emocionante corroborar que lo ilusionado se convierte en realidad, juntos o separados los niños hacen uso de los distintos espacios, generando un encadenamiento diario de experiencias que en muchos casos sobrepasan nuestra predicciones. Si bien existe un área de trabajo específica en la zona teacch, en la que se estructura completamente el ejercicio educativo, hay otras áreas, como la de lectura y música, la de pintura, la de trabajo con imágenes, la de trabajo de integración sensorial, la de trabajo afectivo y relacional, la de cuentos y narraciones, el  taller de herramientas, la zona de agua y arena, la zona de video, la zona de comida, la zona de exposición de trabajos y la zona de lateralidad, que están a su disposición de manera independiente o acompañada. 






No podemos negar que la inversión de tiempo (traducida en compañía consciente) ha sido muy importante en los cambios que han vivido nuestros hijos, sin embargo pensamos que los espacios han sido determinantes, en tanto nos distanciamos de las acciones cognitivo conductuales (las cuales  usamos sin duda alguna), que de por si son extremadamente estructuradas, para darle paso al ejercicios de comunicación en el que los niños crean sus propias versiones del espacio.

Abrazos a todos y todas.