domingo, 24 de noviembre de 2013

Padresconautismo. Solemos discapacitar a nuestros niños y niñas.


Solemos discapacitar a nuestros niños y niñas.





El modelo de normalización social es predominante cuando hablamos y pensamos en niños típicos y atípicos. Por eso las respuestas frente al autismo, se enuncian en palabras que al final crean mucho ruido, distorsión, confusión y una apuesta por un lenguaje que privilegia la norma y la experticia por encima de la búsqueda, la pregunta, la experienciación y la justicia.

Escuchar o leer palabras como discapacidad, anormalidad, alienados, enfermedad, curación, trastornos, condiciones, niños especiales, educación especial  y educación inclusiva, entre otras, es un hecho común cuando se trata de hablar de niños y niñas con los TGD o los TEA. Y es que la misma clasificación de estas expresiones determina gran parte de la mirada y del lenguaje utilizado.







Para nosotros no es nueva la necesidad de crear un nuevo lenguaje cuando se trata de relacionar a los seres humanos en una construcción consciente de las expresiones diversas. Eso será determinante para pautar un nuevo contrato social de relaciones, en las que el detentor de la normalidad no se erija como el denominador del otro. Y no estamos afirmando que este detentor no tenga una clara intención de acompañar socialmente al otro, pensando en su beneficio y funcionalidad social.

Es más, muchas de las acciones que llevamos a cabo como detentores de la normalidad están fundadas en una afectividad y vinculación social que se apoya en las expectativas sociales y culturales del grupo que nos da acogida. Eso produce un encadenamiento de acciones que promueven la puesta a punto de unos mínimos de normalidad que le den  al amado o amada unos elementos que lo hagan aceptable por el grupo social. 

Si ello no sucede la aceptación está marcada por la discriminación y el encasillamiento en la alienación y anormalidad como categorías estereotipadas que conducen a muchas practicas sociales de prejuicio y discriminación. 







La construcción social del estereotipo en el caso específico del autismo

En un acuerdo social interminable, el autismo hace parte de la deficiencia, la incompletitud, el trastorno, la falencia, la alta probabilidad de pérdida, la vulnerabilidad, la alienación, la indefensión... la anormalidad. Ello implica que la mayoría de las miradas se ubiquen en la perspectiva del problema, de lo requerido para alcanzar la media.

En el caso de las investigaciones sobre el origen, estas están centradas en la búsqueda de los agentes patógenos, las causas univariadas y multivariadas,  las correlaciones patogénicas, las deficiencias o excesos en cromosomas, moléculas, células, tejidos...








En las investigaciones y sistematizaciones sobre pautas de manejo (no acompañamiento), la búsqueda está centrada en el control y disminución de las expresiones del autismo, en la corrección de lo que no corresponde a la normalidad. 

En los esfuerzos no tan sistemáticos de los que somos familias, educadores y otros agentes sociales predomina la tendencia de la reducción del daño, el cual por fortuna ya no se asocia con la mamá heladera.

En el caso institucional se promueven políticas públicas de atención, protección, inclusión, educación sobre enunciaciones erradas con respecto al "trastorno" y evidentemente reducción del daño.








Otra cosa es pensar en expresiones.

Ante una tendencia social tan marcada es difícil asumir a Alejandro bajo una perspectiva que se ubique en otro punto de observación. Nosotros luchamos permanentemente por desplazar la mirada para evitar el carácter persuasivo de la tendencia. Y eso no es fácil. 

Sin embargo el cambio en el lenguaje es un buen punto de partida. Empezar a denotar las expresiones como el elemento visible de la conducta, evita enmarcar a los niños y niñas en condiciones que son valoradas en la falencia. Ello permite ubicar la mirada del acompañante en el lugar de las habilidades, potencialidades, capacidades, destrezas, suficiencias, emergencias, producciones, encadenamientos, enlaces, correlaciones...






Asumir las emergencias como esos sucesos inesperados, idiosincraticos, sutiles y espontáneos, que permiten establecer diálogos de tipo horizontal con nuestros amados y amadas. Para ello es definitivo entrenarnos, reduciendo nuestras pretensiones, ambiciones y presupuestos de normalización. Acudiendo a los indicios como el lenguaje predominante. A veces hechos que nos parecen secundarios,  repetitivos, aberrantes o confusos terminan siendo rutas expeditas para la comunicación y la delimitación de lo que es importante para nuestros hijos.







Con lo expuesto no estamos afirmando que esos bellos deben estar al margen de la herencia social, esta es importante y útil en diferentes aspectos. Pero su importancia no puede estar por encima de los intereses, pautas, formas de comunicar, actuaciones y gustos de los niños.

En el caso de Alejandro hay otras palabras que nos permiten el punto seguido y el punto final. Aplazar, es una expresión que nos cobija por igual, con frecuencia les solicitamos aplazar sus autoestimulaciones, manierismos y estereotipias, y sin embargo no aplazamos nuestras culpas, miedos, ambiciones, angustias, negaciones, imposiciones, desconocimientos y soberbias. Quizá esta ha sido la palabra más útil para nosotros. Ha implicado revolcarnos en nuestras vanidades y tendencias, en nuestras soberbias y herencias, en nuestros miedos y resistencias al cambio.






Experienciar ha sido la otra palabra, lo interesante de esta es su vivencia en forma de verbo, significa vivir las experiencias con un alto nivel de experimentación, convirtiéndolas en parte de lo aprendido. Cada acto debe estar ligado a la disciplina, capacidad de asombro, sistematicidad, recursividad y creatividad. Esto implica derrotar por completo los dogmas, verdades, hegemonías, experticias fanáticas y credos.

La última es la reiteración, palabra que nos remite a acciones repetidas no necesariamente iguales, que provienen tanto de nuestras suposiciones y formas de ver, como de las emergencias que brinda Alejandro.





Alejandro es un niño diverso

Por último queremos enunciar que Alejandro es un niño diverso, lo que nos lleva a trabajar diariamente  en su construcción, respetando expresiones que evidentemente son de su personalidad. No le apostamos a curaciones, cambios radicales o normalizaciones. Esperamos que nuestro amado llegue a reconocerse como diverso, con capacidad para comprender y comprenderse en un mundo cargado de diferencias y expresiones disímiles. Con la claridad para él y para nosotros  de que los aparatos sociales están sustentados en la minimización del ser humano a favor de distintos aparatos de poder y acumulación.


Abrazos para todas y todos.