sábado, 7 de diciembre de 2013

Padresconautismo. Alejandro vive en la montaña rusa.

Alejandro vive en la montaña rusa


Nos han enseñado que la vida social está llena de certidumbres. El sentido evolucionista ha penetrado en las mentalidades para convertir la permanencia en una verdad incuestionable. Asumimos que la conducta de cualquier ser humano  debe ser previsible, confiable, racional y emocionalmente controlada. Por eso el criterio de normalidad se convierte en un concepto común que genera restricciones y límites para nuestras distintas conductas sociales. Esto ha llegado al punto de convocar acciones legislativas y normativas que determinan pautas de conducta, civismo, y civilidad.

Alejandro - sin duda alguna -  está por fuera de ese universo deseado. !Por fortuna¡ No podemos decir que es un niño ciclotímico, depresivo, ansioso, obsesivo, compulsivo, autoflagelante o con conductas paranoides. Dicho de otra forma no tenemos el filtro para verlo como un niño cargado de signos y síntomas asociados a las tipologías de la enfermedad mental. Y es muy simple argumentar el por qué, Alejandro no es un niño enfermo, loco, monstruoso o anormal. Por ende ubicarlo en los vicios semiologicos de la vida contemporánea (convertida en patología) NO TIENE SENTIDO.

Ese es precisamente el gran error de los distintos modelos de manejo de los y las niñas con autismo, privilegiar los signos, por encima del diálogo y lo que este puede determinar como pautas de acompañamiento.

Alejandro vive en la montaña rusa, a veces nos montamos con él para vivir esas caídas brutales, o esos ascensos en los que el tiempo no pasa. En otras ocasiones, por el agotamiento, preferimos dejarlo en su búsqueda intensa de distintos parques de diversiones para encontrar montañas rusas más grandes y complejas.

Esta semana ha sido ejemplificante con respecto a esa montaña rusa. El miércoles tuvimos el cierre de la Escuela, donde la profesora en asocio con el rector decidieron dar una medalla al mérito a Alejandro. Cuando la recibió, se emocionó muchísimo, reía y saltaba como un canguro. Ese día lo disfrutó cantidades, jugó, estudió, trabajó, deambuló por sus túneles y cuevas, buscó imágenes... 

El jueves decidió entrar en rebeldía absoluta, las tres actividades y habilidades trabajadas en el día las hizo contracorriente. Solicitó juego en tiempo libre y como bien dijo  "!no quiero más¡"Dedicó su día a los túneles, las cuevas, la música, el cubo de cuerdas, la comida lenta, la observación...

El viernes salimos en la tarde a hacer vueltas de banco y pagos de servicios, en un lapso de dos horas tuvo tres reacciones emocionales fuertes, la primera porque al salir a las escaleras de ingreso a un banco (mientras yo estaba  con el cajero haciendo la transacción, y con voz a todo pulmón lo llamaba), el guardían cerró la puerta porque iban a abrir la bóveda.  Casi levanta el edificio, sus gritos se escuchaban en toda la cuadra y el gran salón del banco, por fortuna había una pequeña ventana por la cual pudimos acariciar su rostro, dibujarle la situación y proponerle una espera adicional. Solo se calmó completamente cuando abrieron la puerta.  Después,  al pasar por una calle donde venden vídeos, vio una carátula de Dora la Exploradora. Y se dedicó a buscar frenéticamente el título que había visto, durante más de media hora fue de puesto en puesto buscando la carátula... Y no la encontramos, la explicación era simple, recién pasó él vendieron el video, por ende al retornar ya no estaba allí. Por fin entendió que la realidad no era modificable en esa situación y aceptó seguir con nuestro periplo.  

La tercera tuvo que ver con un equívoco mío. Le dije que haríamos tres paradas antes de ir al tobogán, y ello no fue así, terminamos haciendo cinco paradas. Después de la cuarta empezó un llanto sonoro, repitiendo "ya van más de tres". A pesar del  gráfico, él indicaba, "dijiste que eran tres paradas". Ante su razón poderosa tomamos rumbo al tobogán.  La cuarta se dio cuando le solicité salir del tobogán, él no quería hacerlo, sin embargo el tiempo nos tenía atrapados, debía ir al  trabajo. Se sentó en el suelo negándose a marchar. Fueron diez largos minutos de dibujos los que nos permitieron salir de allí.

Hoy sábado está como un sol, alegre, saltarín, sonriente, dispuesto, con ansias de trabajar...

Esta montaña rusa es la experiencia vital de Alejandro, nuestra tarea es acompañarlo, utilizar la escucha ampliada para evitar salir muy afectados de esas faenas, porque no podemos negar que el desagaste es grande. En toda esta suma de situaciones el ejercicio consiste en  racionalizar lo que observamos, ponernos en condiciones de aceptar sus reacciones intensas, asumir que el sueño nos recupera, dialogar mucho entre nosotros, buscar claves de aplazamiento y espera y sobre todo recordar a cada instante que es nuestro amado y maestro, simplemente sus métodos de enseñanza son a veces bastante confrontadores y densos en su aplicación.

Abrazos a todas y todos.