viernes, 14 de marzo de 2014

Padresconautismo. Reflexiones cotidianas 8. La casa es el centro básico para el aprendizaje que transforma.

Reflexiones cotidianas 8.
La casa es el centro básico para el aprendizaje que transforma



Parte de nuestro rechazo al aparato educativo es su discapacidad para asumir formas diferenciadas de trabajo. En general con una mirada puesta en el rendimiento y en la acumulación homogénea de habilidades, conocimientos y valoraciones del mundo, se olvida de indagar en los niños y niñas sus dinámicas, expresiones y pautas de relación con la vida y con el mundo. Estamos convencidos que este tipo de ejercicios no serían permitidos en la escuela, censura en la que también participarían los padres de familia bajo el supuesto de las buenas maneras y de lo debido.

Pensando en Alejandro, Sebastían y Luana se vuelve determinante la apertura en casa de un espacio que les permita indagar esos aspectos y dimensiones que la escuela constreñiría. Y lo enunciado no tiene relación únicamente con nuestros amados con autismo, en general tiene que ver con todos los niños y las oportunidades efectivas que tienen para la experimentación de si mismos en planos más amplios y respetuosos de su cuerpo, su perspectiva estética y  sus formas innatas de trabajo.

Alejandro y Luana están entregados al juego con el color. Sin estar previsto nuestro amado decide trabajar con los pies, las rodillas y la cadera buscando unas formas que no pretendemos comprender. Luego acompaña el trabajo de su hermana y lleva otro color a su obra. No hacemos preguntas, nos dedicamos a observarlos con el disfrute de lo novedoso.

Una vez invertida mucha energía, disposición, risa y movimiento Alejandro dedica su tiempo a deslizarse en la obra generando otros tonos a partir del azul tomado del trabajo de Luana. No solamente explora el color, igual juega con las sombras de sus manos, cabeza, tronco y extremidades superiores recorriendo toda la superficie  del rectángulo.




Por último buscó los pinceles para lanzar pintura sobre la obra, culminando así su ejercicio. En todo este proceso invirtió más de una hora, tiempo en el que trabajó a la par con su hermana en la otra obra, igual la indujo a trabajar con los pies y con sus gluteos desnudos. Ambos rieron, hablaron y  generaron sonidos de emoción y sorpresa.


Por eso la escuela no debe ser el lugar para que nuestros hijos aprendan, es uno de los lugares, sin embargo la casa debe ser el centro neurálgico de dicho aprendizaje, evitando así la funesta tendencia de la escuela a la constricción del cuerpo en todas sus dimensiones.


Un abrazo a todas y todos.