viernes, 18 de octubre de 2013

LA ESCUELA TIPICA NO VE LA MAGIA DE LO DIVERSO


Antes de empezar nuestro proyecto de educación emergente, tuvimos a Alejandro en dos preescolares cuyas limitaciones más evidentes estaban en el mínimo nivel de conceptualización sobre el hecho mismo de la educación para la primera infancia. En ese entonces, y sin diagnóstico, pretendíamos que Alejandro tuviera escenarios de socialización sin importar mucho el componente de estimulación al desarrollo psicológico dado que eso lo hacíamos en casa. Al interpelar a las jardineras y a las mismas directoras de los preescolares ellas indicaban que el niño era algo aislado, con tiempos de aprendizaje diferentes a los otros niños, poco dispuesto al trabajo colaborativo. Lo llamativo se daba cuando hacíamos visitas a los jardines en horario de trabajo escolar, Alejandro estaba solo, generalmente fuera del aula y haciendo diferentes actividades espontaneas, la mayoría de ellas ligadas con balanceo y  lanzamiento de objetos. En las actividades colectivas (baile, ejercicios) el niño se encontraba en quietud absoluta, caminando en el aula o de nuevo afuera, sin ningún tipo de acompañamiento. Era gracioso observar sus cuadernos de trabajo, era evidente que la mayoría de las actividades manuales eran desarrolladas por las jardineras, con una o dos líneas de Alejandro.

Ante nuestra sorpresa, nos indicaban que el niño realizaba estas actividades y que su rendimiento era bajo dado que no respondía en las evaluaciones acorde con lo solicitado. Lo más interesante era su planteamiento sobre la pedagogía del amor, proponiendo que el afecto y las demostraciones de ternura eran parte de un ejercicio intencionado que en algún momento tendrían efecto en Alejandro.

Con esta situación nos tomamos la tarea de consultar en los “mejores centros educativos de nuestra ciudad”, sobre la posibilidad de ingreso del niño en sus aulas. Fueron muchas las disculpas o las razones para no aceptarlo, desde las necesidades permanentes de evaluación, hasta el bienestar de la mayoría de los niños.

Ya con diagnóstico de autismo, al culminar el año 2011 la directora del preescolar nos indicó que el niño había avanzado y que esperaba contar con él durante el 2012. Era curiosa su afirmación, porque desde nuestro punto de vista el centro educativo no le había brindado compañía, interés, espacios y materiales suficientes para potenciar su aprendizaje y desarrollo psicológico.

El caso más demostrativo de su estadía en el preescolar  escolar fue el siguiente: programaron un encuentro sobre identidad cultural en Colombia, a cada grupo le fue asignada una región del país, se esperaba que vistieran a la usanza utilizando materiales reciclables y se presentaran las actividades propias del territorio.

El grupo de Alejandro recibió el encargo de representar la Orinoquía, zona donde hay mestizos colonizadores y muchos grupos indígenas. Por ello decidimos pintar el cuerpo desnudo de Alejandro con alegorías gráficas que narraban las relaciones que estos grupos con la naturaleza y con los colonizadores. Estaba hermoso, vestido con pintura. Además construimos accesorios con material reutilizado (que era parte de la propuesta hecha por el preescolar). El rechazo fue total, los padres con sus miradas de desaprobación, las jardineras sin ningún tipo de criterio. Otros padres disfrazaron a sus hijos con trajes de indígenas norteamericanos, mexicanos y guatemaltecos, que escondían por completo sus cuerpos, todos ellos comprados en tiendas de disfraces.  Total,  no se trabajó la identidad cultural, prevalecieron los prejuicios y los estereotipos sobre los grupos indígenas, predominó el consumismo y se persistió en el altercentrismo cultural.

Los otros niños entre sorprendidos y cercanos, fueron alejados por sus padres. Impresionante, como en un ejercicio tan simple, inundaron a sus hijos de rechazo al cuerpo humano, a otras formas de expresión estética.  Con su belleza Alejandro se dedicó a saltar en el brinca brinca, lanzarse por el tobogán y corretear por el patio. Cuando entendimos que estaba cansado, nos marchamos…

Eso, más tantas otras experiencias nos llevó a sacar una sola conclusión, era necesario acompañar el ejercicio escolar de Alejandro, por eso tocaba intervenir una escuela, donde fuera posible brindarle herramientas y formas comunicativas que facilitaran su proceso educativo.