domingo, 13 de octubre de 2013

EL AUTISMO ES UNA ANGUSTIA CON MUCHOS SABORES

Fue extraña la sensación que tuvimos cuando la psicóloga nos informó que Alejandro era un niño con autismo. Y digo extraña, porque el autismo era en ese momento un cuadro de niños con familias desafortunadas que tenían que convivir entre seres que no eran del planeta tierra. Y Alejandro, sin lugar a dudas, era un ser humano de cuatro años que nos desbordaba por completo, sin que ello significara monstruosidad o locura.

Después de escuchar a Maria Elena, la psicóloga, quedé absorto, sin preguntas o respuestas. Era una especie de nuevo nacimiento, en el que las reglas de juego implicaban un nivel superior, igual a lo que pasa en los juegos de play statión. En mi condición de médico, todo lo leído, experienciado y vivido en el campo de la medicina, era incompleto, casi que vacío. El autismo y los Trastornos Generales del Desarrollo habían sido un capítulo       no leído, no abordado en casos clínicos, no revisado en sesiones de lectura. Y por ende mi gran maestro al respecto había sido Dustin Hoffman, en la cinta Ray Man. 

Eso significaba, que Alejandro sería como Hoffman, abandonado por nosotros - su familia - en un centro para enfermos mentales, discriminado, enrarecido, olvidado y burlado. Igual significaba un largo viaje en el que todas las rutas de navegación estaban en otras naves y con otros comandantes.

¡Y empezamos mal! De entrada el Sistema de Salud de nuestro país (Colombia) nos negó una atención pronta y oportuna.