domingo, 20 de octubre de 2013

PADRES CON AUTISMO. PRIMER APRENDIZAJE EN LA ESCUELA. TODOS LOS NIÑOS SON ATÍPICOS.




Al utilizar la frase todos los niños son atípicos, nos referimos al primer aprendizaje que se hizo relevante en el ejercicio de acompañar a Alejandro en su recién iniciada experiencia escolar. Teniendo una posición ventajosa en el aula nos dimos a la tarea de hacer una observación participante que nos permitió dar cuenta de las distintas emergencias que se daban allí. Un hecho trascendente fue entender que los niños son diferentes todos los días, y sin entrar a indagar los disparadores de dichas diferencias, fue evidente que el Mauricio de hoy para nada tenía que ver con la totalidad del  Mauricio de la semana anterior.  Y esto se repetía en cada uno de los niños y niñas del grupo.

Cosa diferente es que estos niños sean moldeados, sin ser observados, eso quiere decir que sean vistos como adultos pequeños que deben recibir los beneficios del aparato escolar, establecidos a partir de rutinas, pautas, metodologías, estructuras y mecanismos que han sido probados desde hace centurias. En este caso los niños desaparecen en su expresión individual y emergen estudiantes que responden a presupuestos escolares, sociales e institucionales.

Este aprendizaje nos dio una oportunidad para comprender que el aula no estaba dividida entre niños típicos y atípicos, la pauta de la normalidad no cabía en el aula y por ende las posibilidades de acción eran múltiples para darle juego, vitalidad, imaginación, creatividad, decisión  y acción a cada uno de los niños. En ese momento optamos por solicitarle a doña Carmen que nos permitiera trabajar como mínimo dos horas diarias con todo el grupo.

Nuestra participación  en el aula  se fue dando de manera espontánea, con ella constituimos un equipo de trabajo que era pertinente, secuencial, con relevos oportunos y con ejercicios que buscaban permanentemente relievar las habilidades de cada niño y niña.

Uno de nosotros se encargaba del acompañamiento directo a Alejandro y el otro dinamizaba las diferentes acciones del encuentro. A su vez doña Carmen empezó a idear actividades que se salían del formato clásico para llevar a los niños a atravesar en sus cuentos diferentes aventuras y emociones con los personajes y las acciones que creaba.

Nuestro taller de herramientas empezó a producir diferentes materiales que apoyaban a diario los ejercicios de aula, y nos entregamos frenéticamente a ese ejercicio maravilloso de entender un hacer y un aprender con unos otros que asumíamos como niños con un mundo de niños.

El aula se empezó a llenar de objetos que representaban las acciones construidas, con una ventaja adicional, no estábamos atrapados por los criterios institucionales, en nuestro caso pensar en la lectura o la escritura era una ficción, preferíamos pensar en la risa, el asombro, la búsqueda, el encuentro, la escucha, la emergencia, la palabra, la sorpresa, la magia, la emoción, la incertidumbre...